1. Razones para una educación en medios de comunicación
Muchos investigadores señalan la contradicción y paradoja que se produce entre la relevancia social de la información y su escasa presencia en las aulas, pues «mientras los sistemas de comunicación y el flujo de la información son elementos cada vez más vitales para la actividad social, económica y política en todos los niveles, la educación audiovisual sigue siendo algo marginal en los sistemas educativos de todas las partes» (Masterman, 1993).
Es preciso para ello, y siguiendo a este autor, sistematizar algunas ideas fundamentales para definir la necesidad imperiosa de una educación en medios y justificar, por ende, la necesaria integración que estos han de tener en el ámbito educativo:
a) Los niveles de consumo (omnipresencia). Las altas tasas de dedicación a los medios (la radio, el cine, Internet, la prensa y especialmente la televisión) y la creciente saturación de éstos en la sociedad contemporánea es quizás la primera y principal causa que justifica que éstos no estén ausentes, o mejor totalmente ignorados, en los centros educativos.
La cantidad de horas de consumo de cualquier niño o joven de hoy en cine, radio, televisión, revistas, ordenadores, publicidad, vídeos...es realmente abrumadora. Ahora bien, lo ciertamente preocupante no es sólo la cantidad de tiempo de ocio dedicada a los medios, sino, cómo nuestra experiencia personal depende de los medios y está saturada de los mismos.
b) Los contenidos mediáticos. Jacques Gonnet (1995: 35) reivindica el papel del uso de los medios para el conocimiento de la actualidad y la formación democrática. Sin embargo, la realidad mediática a la que asistimos en todo el mundo es el aumento progresivo de la manipulación y la fabricación de la información y su propagación por los medios, así como él éxito de los programas de peor calidad cultural y social: los programas llamados «basura». Pero además, los medios generan claramente una desigualdad considerable entre los que ostentan el poder de la información y los que la consumen de manera indiscriminada e inocentemente.
En una sociedad cada vez más mediatizada, la influencia de la comunicación y la información es lógicamente más decisiva a la hora de defendernos de los graves excesos de la manipulación en los medios con fines políticos. El vertiginoso incremento de las presiones nacionales e internacionales para privatizar la comunicación.
La información se entiende como un bien de consumo y ello conlleva al desarrollo de empresas corporativas mundiales que controlan los sistemas, tecnologías y empresas de la comunicación.
c) Los niveles de penetración (omnipotencia). La importancia ideológica de los medios y su influencia como empresas de concienciación. Además de nuestro elevado consumo y atención a los medios, ellos moldean nuestras percepciones e ideas, construyéndonos una realidad ficticia, como verdaderas «empresas de concienciación», con lo que debemos superar «la creencia común de que la función primera de los medios es proporcionar noticias, información y entretenimiento a sus audiencias» y, en consecuencia, afrontar una lectura activa de sus mensajes.
Surge así la necesidad de educar a los alumnos para que hagan frente a las exigencias del futuro. Las instituciones escolares han ignorado con excesiva frecuencia la educación de los hechos presentes, los cambios culturales, políticos y de todo orden del mundo contemporáneo. Por tanto, el debate no ha de estar sólo en la incorporación de los medios en la escuela, sino «el tipo de formación cultural que queremos potenciar..., cómo integrar esa cultura mediática en las escuelas, cómo transformamos a los medios de comunicación en objeto de estudio y análisis curricular y cómo logramos que los estudiantes transfieran este conocimiento a su vida cotidiana», en definitiva, en plantearnos una filosofía y modelo de escuela (Aguaded, 1993).
Si partimos de la base de que los planteamientos de los docentes, en este campo de la educación audiovisual, no coinciden, en la mayoría de los casos, con las actuaciones y pensamientos de la sociedad en general y de las nuevas generaciones en particular, la justificación de la educación para la comunicación se hace básica y por ello la finalidad de la educación en medios de comunicación no ha de ser otra de que «los alumnos comprendan de manera activa y consciente, en lugar de pasiva e inconscientemente, el lugar en que se encuentran y que capten el sentido de los textos de los medios de comunicación social» (Shepherd, 1993).
