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Lolo en Compostela

Recientemente, del 5 al 8 de agosto pasado, se ha celebrado en Compostela la PEJ-04 (Peregrinación Europea de Jóvenes) en este primer año jacobeo del milenio. Eran más de 30.000 los jóvenes que manifestaban su fe en el Señor, y ellos son  la “esperanza” del futuro de esta vieja Europa, necesitada de renovación y de espiritualidad. “¡Testigos de Cristo, testigos de esperanza!”, cantaban y gritaban ante el Cardenal Rouco, enviado del Papa Juan Pablo II para esta Peregrinación.

Hace años, en 1948, ya hubo allí otro encuentro de las “Juventudes Católicas de España”. Lolo (Manuel Lozano Garrido) no pudo estar allí, porque ya había hecho presa en su cuerpo la invalidez total.

Pero…(esas son las paradojas “luminosas” de la fe) Lolo sí ha estado “presente” en esta ocasión.

Se podría decir, que cuando Lolo, en plena juventud suya  -en sus años de fecundo apostolado-   en 1940,  peregrinó al Pilar de Zaragoza, Dios estaba poniendo  con su Providencia  la meta para que Lolo pudiera ser “peregrino” a Compostela en este jacobeo del 2004, acompañando a los miles de jóvenes europeos.

Efectivamente. Era el 1 de septiembre de 1940 en el Pilar. Lolo había sido el alma  -en el sector de Andalucía-  de aquel grupo de peregrinos hasta la Virgen del Pilar. Entonces escribió: “Si esta es nuestra peregrinación, si la dulzura inefable de María, si la blancura de su frente sin mancha tiene un fiel reflejo en nuestra voluntad… es seguro que con paso gigantesco habremos iniciado nuestro eterno caminar hacia  Ella” (M. Lozano Garrido, en “Cruzada”, Rev. de la Juventud de A.C. de Linares, julio 1940). Un mes antes escribió Lolo el primero de los artículos publicados por él de que hay constancia en los archivos. Lo tituló “Santiago y el Pilar”.

El 1 de septiembre de 1940, en el acto final de Zaragoza, a aquella “muchachada” llena de fervor, también se les leyó el texto del Evangelio en que Cristo pregunta a Santiago y a Juan: “¿Podéis beber el cáliz que Yo he de beber?” (Mat. 20, 22).

Lolo estaba allí, entre aquellos jóvenes a quienes se les hacía la misma invitación de Cristo a los hijos del Zebedeo. Alguien, que estaba junto a Lolo (y el propio Lolo en sus crónicas de aquella peregrinación) comentó el brío y decisión con que Lolo respondió: “Possumus. PODEMOS!”, y el impacto que en él produjo aquella respuesta evangélica.

Y Dios, en sus planes muchas veces tan desconcertantes, preparó a Lolo “un cáliz”: 28 años de dolores, una silla de ruedas y una ceguera final. ¡Y Lolo bebió ese cáliz; lo apuró hasta el fondo!, como lo había bebido Jesús, y como lo bebió Santiago. Lo bebió sorbo a sorbo, día tras día, con fortaleza y serenidad.

También la casa de Lolo se convirtió durante todos esos años de su dolor, para muchísimos jóvenes, en “un pequeño COMPOSTELA”: Campo de la estrella, como se llama el lugar donde está Santiago, el apóstol amigo del Señor.

Lolo comenzó, en “mitad de su ceguera” a “VER LAS ESTRELLAS DE NOCHE” (título de su último libro) y mostrar ese camino de estrellas  a todos aquellos jóvenes que se acercaban a su sillón de ruedas.

Lolo no pudo ser “peregrino” a Compostela en 1948 con aquellos jóvenes andariegos. Y ahora  -cuando han pasado 56 años-  Lolo se ha hecho peregrino junto a los miles de jóvenes en su caminar a Compostela: en la mochila de cada uno de estos jóvenes la biografía de Lolo  se hacía “estrella” y guía en sus etapas. Al final de la ruta (el 7 de agosto) a muy pocos metros de la tumba del Apóstol, en la iglesia de S. Pelayo, un nutrido grupo de jóvenes peregrinos oraban y reflexionaban. En las esquinas de las calles, los carteles indicadores de este “taller”: “LOLO, COMUNICADOR DE ALEGRÍA A LA JUVENTUD”.

Lolo, años antes, en 1940, respondió al Señor: “¡Podemos beber el cáliz!”, y lo apuró año tras año. Ahora, también como Santiago, Lolo  -con su vida-  se hacía “estrella” orientadora para muchos que caminaban a Compostela.

Estos miles de jóvenes en Compostela lucían sobre su pecho el logotipo identificador de la PEJ-04 sobre la bandera europea: azul con doce estrellas. Una bandera así elegida hace ya años (un 8 de diciembre, día de la Inmaculada) por los “padres de Europa” precisamente en recuerdo de María, la Virgen. (Apoc. 12, 1). Es todo un símbolo que no se puede ignorar. También a María se le llama “Maris stella” (Estrella de los mares).

Ahora ya se puede concluir uniendo como en un juego de palabras: Maris stella y Compostela; María la Madre del Señor,  y  Santiago apóstol, el amigo del Señor, pregonero del  Evangelio.

Y cerca de ellos, Lolo. Con  razón ese era el título de su primer artículo publicado: “Santiago y el Pilar”. Y Dios providente quiso que, justamente en el momento de morir Lolo, llegaran hasta él  -ya muerto-  las pruebas de imprenta de su último libro: “Las estrellas se ven de noche”. ¡Es todo un símbolo muy rico que necesitamos leer!.


     Rafael Higueras Álamo
     Deán de la Catedral de Jaén
     15 de agosto 2004, Asunción de Ntra. Sra.

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