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La abuela, la gran conciliadora

Por: Victoria Cardona Romeu
Colaboradora de Mujer Nueva
2006-02-28


Escribo una peque�a reflexi�n pensando en el papel de los abuelos, pero especialmente es un peque�o homenaje a tantas abuelas que o bien por estar jubiladas, o bien por no haber trabajado fuera de casa �en el hogar s� y mucho� concilian la vida laboral de sus hijos dando su apoyo a las familias gracias a su buen coraz�n. De toda manera, su dedicaci�n est� muy bien recompensada; solo hace falta escuchar a la mayor�a de nietos, especialmente adolescentes, cuando hablan de su abuela; si se hiciera una encuesta resultar�a que un alto porcentaje de chicos y chicas la quieran de verdad.

Le�amos en la prensa una noticia conmovedora: unos abuelos salvaban en un accidente ferroviario a sus dos nietos de 6 y 8 a�os. Ellos dieron su vida al proteger con sus cuerpos los de los peque�os. Y pens� en tantos otros abuelos que tambi�n la dan minuto a minuto, d�a a d�a, para que los hijos de sus hijos reciban ternura y afecto ante las ausencias necesarias de los progenitores. Seguramente, los abuelos, que murieron con tanta generosidad, tambi�n hab�an dedicado mucho de su tiempo a aquellos peque�os. Aquel gesto no era fruto de un impulso sino del cari�o real para con Abdelaziz y Aceitar, nombres de los supervivientes de este hecho real.

Hoy se habla desde el punto de vista m�dico del "s�ndrome de la abuela esclava". La abuela que s�lo piensa en los hijos, que no se atreve a decir que est� agotada por el exceso de responsabilidades en que se encuentra inmersa, y que no se queja porque tiene miedo de no ser �til, en esta situaci�n puede acabar enfermando. Es posible que eso suceda porque las abuelas siguen teniendo el mismo esp�ritu maternal de cu�ndo eran madres (se dice que son dos veces madres). En cambio, debido a la edad, les cuesta m�s recuperarse del esfuerzo f�sico y ps�quico.

Saber ser abuela

A la hora de hablar de ayudas, es mejor utilizar la palabra compartir. Compartir con el abuelo. Compartir a los hijos. Compartir a los nietos. Por lo tanto, compartir el trabajo, compartir las aficiones, compartir los buenos momentos y los no tan buenos, compartir lo que se es, lo que se tiene y los conocimientos que se adquieren por la edad.

Cuando se sabe pedir complace al otro porque puede compartir. Cuando pedimos un favor de hecho estamos haciendo otro favor. Las abuelas han de saber pedir ayuda a tiempo, antes de que por agotamiento no puedan hacer nada m�s. Y los hijos j�venes, que necesitan de la abuela, tienen que estar m�s atentos a sus necesidades afectivas y f�sicas y agradecerle lo que hace por ellos.

Para ser buena abuela hay que tener una actitud positiva, para resolver problemas sin susceptibilidades, y una actitud participativa para saber dar y recibir. No fuera el caso que estuvi�ramos pase�ndonos por casa diciendo: ''pobrecita de m�, c�mo sufro y lo poco que me quejo''. Desde mi punto de vista, es muy importante el siguiente punto:

Para transmitir serenidad y paz al matrimonio joven, se debe ser muy prudente y no interferir en sus relaciones. La autonom�a y la independencia de los hijos casados tienen que valorarse mucho, as� como los objetivos educativos que tengan para sus hijos deben respetarse; la responsabilidad es de ellos y no de los abuelos. Este hecho no excluye que cuando los nietos est�n en casa de los abuelos tengan que seguir el orden material que sea costumbre en la casa de los mayores. En este tema, para no tener problemas generacionales, debe mantenerse una buena comunicaci�n entre abuelos e hijos, sabiendo pasar por alto peque�as banalidades, distinguiendo lo que es esencial de lo que es accesorio.

El h�bitat natural de la persona es su familia. Por eso, se hace patente que all� d�nde prioritariamente la gente mayor se puede encontrar realizada es con los suyos. No puede centrarse en ella misma, ni hablar siempre de que las cosas han cambiado demasiado, sino que tiene que adaptarse con flexibilidad a estos cambios. Todos hemos visto la afinidad que hay, en muchas ocasiones, entre un adolescente �la edad de m�s inseguridad� y sus abuelos. Ver cada d�a la felicidad de los abuelos, que midiendo sus fuerzas son capaces de dar toda su sabidur�a y ternura a los peque�os que van llegando a este mundo da mucha alegr�a.

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