4. La imaginación y la memoria
Los autores distinguen de diversas maneras los actos imaginativos. Hay imágenes provenientes de todos los dominios sensoriales: visuales, auditivas, olfativas, gustativas, táctiles, cinestésicas, etc. Los actos imaginativos pueden ser voluntarios, es decir provocados libremente, como si queremos representarnos la catedral de Colonia o las riberas del Sena que en otro tiempo visitamos, o nos recreamos imaginando que oímos de nuevo la música de la opera Aida. Pueden ser actos pasivos, como cuando al ver una persona nos vienen asociada la imagen de su casa. Sobre la imaginación no tenemos dominio absoluto. Por motivos subconscientes, asociativos, biológicos, sociales, culturales, etc. nos pueden asaltar frecuentemente imágenes sin que intervengas para nada nuestra libertad.
Estas imágenes de las que hemos hablado, son casi siempre reproductivas, es decir re-presentan imágenes ya vividas anteriormente. Pero el hombre puede también crear caprichosamente toda clase de imágenes, asociando a prolongando, o variando fenómenos ya vividos. Esta creatividad puede ser libre y puede ser involuntaria. Se me pueden ocurrir nuevas imágenes melancólicas, angustiosas, sensuales, fantasías de viajes, de situaciones, etc, que en movimientos inesperados o imprevistos, se presenta a mi conciencia.
El acto imaginativo tiene rasgos del acto perspectivo, es consciente, es intencional, es presentativo no tendencial. Sin embargo, no necesariamente obedece a estímulos actuales y, por eso, las representaciones imaginativas, excepto en casos de alucinaciones anormales, tienen menos relieve y viveza que las sensaciones o percepciones directas. Ante las imaginaciones somos normalmente conscientes de que no son realidades físicas presentes, por ello, por lo general, son más pobres que la percepción.
Podemos reproducir imaginativamente el pasado, pero podemos también crear imaginativamente el futuro. Así la imaginación puede anticipar acontecimientos y liberarnos de la estrechez de un mundo concreto. En determinados casos esta imaginación anticipadora y creadora ha contribuido eficazmente a descubrimientos científicos o a realizaciones artísticas porque lo que llamamos intuición, con frecuencia no es sino un súbito hacerse visibles circunstancias y relaciones mediante la fantasía creadora.
La fantasía creadora ha jugado un papel de excepcional importancia en el arte sea literario, sea pictórico, sea escultórico, sea arquitectónico, e incluso en algunos descubrimientos científicos. Las aventuras de Don Quijote son una serie de fantasías por Miguel de Cervantes en la cabeza de un loco-cuerdo que reflejan perfectamente realidades más o menos conscientes de una sociedad y el esfuerzo por transcenderla hacia un ideal.
Es verdad que también la imaginación puede ser y es, de hecho, en ocasiones, una facultad turbadora para el conocimiento de lo real, causa de muchos errores. Con frecuencia su fuerza es tan poderosa que se interpone entre la realidad y la mente y obstaculiza la presencia limpia de lo real en la conciencia humana que es el conocimiento verdadero; de ahí que haya personas que tomen la imaginado, sean temores, sean esperanzas, sena valoraciones, por real y formen así juicios equivocados, es decir, no reales. sí es verdad que las imágenes, sean reproductivas, sean creativas, sean anticipativas, turban muy frecuentemente no sólo nuestra razón sino nuestra vida humana en general.
Donde sí ha ejercido la imaginación una función importante ha sido en la creación de los mitos. El mito no es, hablado con propiedad, una teoría sino una imagen o conjunto de imágenes que esconden un significado y un valor lógico. Corresponde al análisis científico determinar cuáles son los contenidos racionales a los que el mito ha servido de vehículos, y como el mito se ha trasformado en logos. La necesidad y la importancia de resistir a la seducción de las pasiones, por ejemplo, queda perfectamente expresada en el mito griego de las sirenas. Con su canto atraían hacia sí a los navegantes que luego naufragaban en los bajíos de Silla y Caribdis. Sólo Ulises resistió al atractivo y se liberó de la seducción.
El poder de la fantasía es grande y, a veces, más extenso que el de nuestra misma libertad. Sin embargo, no existe ninguna representación imaginativa que, por lo menos en aspectos parciales, no dependa de la memoria. También la facultad intelectiva y la facultad racional depende en buena parte, de la capacidad rememorativa que llamamos memoria. Por ello, debemos detenernos, siquiera brevemente, en su estudio. Si se quiere, se la puede considerar como una de las facultades de la sensibilidad interna, según decíamos al principio de este apartado, pero en cualquier caso es una de las posibilidades ciertas que tiene psiquismo humano. Se suele entender por memoria aquella facultad del sujeto humano que es capaz de conservar, reproducir y reconocer como propias representaciones de conocimientos o de vivencias tenidas anteriormente. La diferencia específica con la imaginación consiste en el reconocimiento, es decir, en la capacidad de tomar conciencia más o menos clara, de que fenómeno ha sucedido y de que se vuelve a presentar como ya sucedió.
Se habla también de una memoria motora, una memoria mental y una memoria pura. La primera es la memoria del cuerpo viviente en movimiento, acumula y conserva actos repetidos en una determinada secuencia, de forma que luego esas sucesiones se torna casi automáticamente. Muchos de nuestros actos de la vida ordinaria (el lenguaje, los actos vitales, las reacciones, la conducción de un automóvil, la orientación por la ciudad, et.) son efectos de la memoria motora. También muchos animales poseen esta memoria, auque no de manera refleja, y gracias a ella puede ser domesticados. La memoria mental acumula imágenes ideas, juicios, conclusiones, conocimientos culturales, en general, que forman el acervo científico y humando de una persona. La memoria pura, nos recuerda hechos propios, acontecimientos o experiencias que se ha grabado en nosotros y se trasforman en componentes de nuestra vida. Esta memoria es de carácter más personal y concreto.
Las vivencias que tenemos a lo largo de la vida remansa en el psiquismo y forman parte de nuestra personalidad empírica. Muchas quedarán en el fondo del inconsciente o del subconsciente y no volverán a ser reproducidas en un conocimiento reflejo. Desde allí seguirán teniendo una gran influjo en el psiquismo, como vio acertadamente Freud. Pero otras muchas, gracias a la memoria, constituirá un patrimonio riquísimo de la persona que le posibilitarán las relaciones humanas, el estudio, la erudición, el desarrollo psicológico, el progreso científico, etc. Hasta cierto punto, lo que somos depende de los que hemos vivido y de lo que recordamos. Sin memoria la vida humana se hace imposible. Por eso, si pierde la memoria, la persona retorna a la infancia. Es la amnesia que estudia la Psicología clínica. También las colectividades sociales viven de la memoria que llamamos tradición o acumulación de hechos históricos y culturales que constituyen la identidad de un pueblo. Cuando un pueblo pierde la memoria de sus mejores hechos y olvida su tradición también recae en un mimetismo infantil. Es desde una tradición bien entendida y purificada desde donde se puede producir un verdadero progreso.