1. La pregunta por las facultades
En una Filosof�a del hombre no podemos menos de inquirir cu�les son las facultades o potencias que permiten al hombre realizar actos de conocimientos sensitivo, recordativo, intelectual, racional, o actos volitivos. Porque si realiza estos actos es que la facultad o potencia de realizarlos. Debemos preguntarnos qu� es esa facultad o qu� son esas facultades.
Podemos concebir la facultad, con los escol�sticos, como un principio pr�ximo de operaci�n. Sin entrar en discusiones importantes pero minuciosas sobre las facultades que aqu� no es posible, nos basta afirmar que la persona humana est� efectivamente dotada de actividades diversas, sea experienciales presentativas o cognoscitivas de un objeto (ver, o�r, imaginar, recordar, entender, razonar) sea experienciales tendenciales o apetitivas, es decir, que tienden hacia un objeto o a retirarse de �l, (el deseo, la complacencia, la irritabilidad, el temor, etc.). Pueden ser, dicho de otra manera, actividades de los sentidos (o datos de experiencia sensible), actividades intelectivas (simples aprehensiones, juicios), racionales (raciocinios, deducci�n, inducci�n), volitivas (decisiones, mandos, amor, amistad, sacrificio por los dem�s, odio, etc.). Es indudable, pues, que el hombre existen, como quiera que se interprete, potencias o facultades con las cuales realiza los actos de su vida.
M�s all� de estas disquisiciones sutiles y discutibles, consideramos m�s importante atender a lo que tambi�n ense�a santo Tom�s:�Non enim proprie loquendo sensus aut intellectus cognoscit sed homo per utrumque� (hablando con propiedad no son los sentidos ni el entendimiento los que conocen sino el hombre por ellos). Y en otro sitio afirma categ�ricamente Santo Tom�s:�Manifestum est enim quod hic homo singularis intelligit� (Es evidente que este hombre singular es el que entiende). A puntaba ya a la concepci�n unitaria del hombre que hoy es uno de los fundamentos de la Antropolog�a filos�fica. Como ya hemos dicho, estrictamente hablando no son los ojos los que ven, ni los o�dos los que oyen, ni la memoria la que recuerda, ni el entendimiento el que piensa, ni la raz�n la que discurre. Es el hombre entero el que ve, el que oye, el que recuerda, el que piensa, el que discurre distintos de la persona entera.
No existe la raz�n pura, existe el hombre, una substancia completa individual que es capaz de razonar. Eso s�. Dividimos para comprender, podemos utilizar los t�rminos memoria, entendimiento, raz�n o voluntad porque son c�modos para la interpretaci�n, pero concientes de que no son entidades en s� distintas sino modos de expresarse y actuar un ser �nico y unificado que se llama persona humana.