El alma eucarística de Manuel Lozano Garrido, “Lolo”, seglar y joven de A.C., periodista e inválido.
Entrevista de Zenit a Rafael Higueras Álamo, Administrador diocesano de Jaén (España)
La figura de Manuel Lozano Garrido, ha sido muchas veces traída a Zenit, en razón de su perfil periodístico y su proceso de canonización. Pero en este AÑO DE LA EUCARISTÍA queremos preguntar sobre esta nota tan propia de la vida de LOLO, como era su devoción eucarística.
Son muchos los detalles que se podrían aportar de la vida de Manuel Lozano “Lolo”, que reflejan su apasionado amor a la Eucaristía. El simple relato de sus artículos de prensa, o la referencia que hace en sus libros a su devoción eucarística o a lo que para él significaba la celebración de la Misa o recibir la comunión ya sería un relato muy largo. Pero creo más interesante, en primer lugar, recordar algunos hechos de su vida que manifiestan esta devoción honda del Siervo de Dios.
Cúales fueron esos momentos o hechos “eucarísticos” que marcaron como hitos en la vida de Lolo.
El primero sin duda alguna coincide con la época de persecución religiosa en España (1936-1939). Entonces Lolo tenía 16 años. Y él fue designado por un sacerdote de Linares (el único que no estaba en prisión) para que Lolo distribuyera clandestinamente la Eucaristía (se conservan las cajitas en que él repartía la comunión a los enfermos y a otras personas piadosas en sus propios domicilios). Cuando pasan los años, ya inválido y ciego, Lolo recordará aquellos momentos en sus libros; era época de “catacumbas” y escribe Lolo: “Sobre el terror y los negros perfiles, aquella mano celeste…Sobre todo una preferencia inmerecida: Dios, hecho Pan de Sacramento, casi todos los días. Mis más fervientes momentos espirituales, allí en el eje de aquellas fechas entre sirenas quejumbrosas y silbidos de obuses; ¿por qué a mí el privilegio y no a otros?”. Esta actividad clandestina, eucarística, de Lolo hace que también sea hecho prisionero. En la cárcel pasó el jueves santo de 1937; ese día le pudieron pasar escondido en un ramo de flores el Stmo. Sacramento; y Lolo puso un “monumento” en la misma cárcel “adornado” con sacos y escobas y así pasó la noche entera en oración con algunos otros jóvenes también allí presos por su fe.
Cómo era la vida eucarística de Lolo cuando ya estaba inválido.
Me parece que es significativo que él quisiera que no pasara ni un día de sus 28 años de “sillón de ruedas” sin recibir la Comunión. Cada día de la semana se turnaban los sacerdotes de Linares para llevarle el Stmo. Sacramento. Se podría hablar largamente de esas horas: el tiempo que precedía o seguía a esta visita del sacerdote llevándole la comunión. Los testigos del proceso de canonización son muy precisos en ello: cuentan como Lolo se recogía en oración cuando él calculaba la hora en que llegaría el sacerdote y cómo seguía después largamente en oración.
¿Se celebraba también la Misa en su casa?
Hay que tener en cuenta que la enfermedad de Lolo coincide sobre todo con época anterior a la celebración del Vaticano II. Por tanto las normas litúrgicas eran distintas a las de ahora. No obstante se podía celebrar con los requisitos necesarios de permisos etc. Es significativa la anécdota de la primera misa que se celebra en su casa. Al momento de comenzarla él pide que coloquen la máquina de escribir debajo de la mesa que iba a ser el altar “para que así el tronco de la Cruz se clave en el teclado y eche allí mismo sus raíces”; así escribió luego él comentando el detalle. Lolo pedía que al menos una vez al mes, si podían los sacerdotes de Linares fueran a celebrarle en su casa. En alguna ocasión vino a celebrar la misa el propio Obispo de Jaén y mientras preparaban lo necesario, Lolo le comentó: “Sr. Obispo, esto sí que es MESA REDONDA CON DIOS”. Es precisamente el título de uno de sus libros.
¿Cómo era el fervor de Lolo durante la celebración?
Una de estas misas la celebró José Luis Martín Descalzo, sacerdote y afamado periodista, amigo de Lolo. Cuando Lolo murió, Martín Descalzo escribía un artículo titulado “Misa en casa de Manolo”. Con un gracejo precioso comenta el escritor: “Respondía a mis palabras con el júbilo de un joven seminarista”. Y más adelante añade: “Pensé que en aquella misa había dos víctimas. Cristo estaba en el pan que yo acababa de consagrar. Estaba también en aquel cuerpo degollado de treinta años de sufrimiento”. Quienes tuvimos el regalo de Dios de conocer y tratar a Lolo somos testigos de ello.
Hay que recordar sus párrafos escritos cuando Lolo vivía frente a frente de la Parroquia de Sta. María; desde su balcón Lolo veía el sagrario de la Parroquia vecina; y cuenta que interrumpía su trabajo “para echar con Él un parrafillo”.
¿Se refleja en los escritos de Lolo esta piedad eucarística?
Efectivamente. Son abundantes los escritos de Lolo hablando de la Eucaristía. Recuerdo ahora una “oración de los doce ante un pedazo de pan”. Es un escrito suyo, en una semana santa poniendo en labios de cada uno de los doce apóstoles una oración “en aquella noche del primer jueves santo”. Pero son abundantes sus escritos sobre la Eucaristía, sobre su vivencia de la Eucaristía.
Un florilegio de ese pensamiento, de esa vivencia suya, lo recoge Pedro Cámara en su libro “Semblanza de Manuel Lozano Garrido”, editado por la asociación que fomenta la causa de canonización. Recuerdo que uno de sus primeros artículos de prensa estando ya enfermo lo publicó el día del Corpus y le puso como título “Encrucijada para la sed y el hambre”. Otros preciosos artículos suyos con tema eucarístico se titulan: “Cuando floreció el rosal”, “Una custodia natural con el viril de la Virgen de Tiscar”, en el que se une su piedad eucarística y mariana. Pero sobre todo se puede ver en diversas páginas de sus obras publicadas la frecuente referencia a la Eucaristía. Sin embargo lo que hay que subrayar es cómo vivía su enfermedad enraizada en su piedad eucarística.
Esta honda piedad eucarística es lo que le llevó a pedir a su hermana “como si fuera un testamento”, que cuando él muriera de inmediato –si así podía ser- , se celebrara una misa por su alma. Y así se pudo hacer.