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En un mundo unisex

Por: Liliana Esmenjaud
[email protected]
Colaboradora de Mujer Nueva
2006-03-01�


El mundo en que vivimos se vuelve cada vez m�s unisex. Ropa, cortes de pelo y accesorios son usados de igual manera por hombres o mujeres. Cada d�a se reduce m�s la lista de lo estrictamente femenino o masculino. Apenas si existe alguna actividad considerada exclusiva para alguno de los dos sexos. Esto hace cada vez m�s imperante una educaci�n que proporcione las mismas oportunidades a j�venes y a chicas.

El tiempo en que los hombres asist�an a la universidad mientras las mujeres aprend�an costura y cocina, ha quedado atr�s. Profesionalmente hablando, se exige lo mismo a una mujer que a un hombre. La pari-oportunidad laboral hace cada vez m�s necesaria la equidad educativa.

Para dar soluci�n a esta nueva situaci�n, la educaci�n femenina se ha visto en la necesidad de adaptarse. En la mayor�a de los casos ha sido el mundo educativo masculino el que ha abierto sus puertas a las mujeres, permiti�ndoles entrar y alimentarse de �l. As� se ha buscado dar respuesta a esta nueva demanda educativa.

Este cambio cultural se ha dado de manera muy r�pida en las �ltimas d�cadas. Y es conveniente analizar algunos de sus resultados para ver si el igualar la educaci�n de la mujer con la del hombre ha sido lo m�s adecuado.

Si nuestro objetivo educativo es el preparar a las mujeres para su ingreso en el mundo laboral, podr�a pensarse que s� se ha conseguido, con sus m�s y sus menos. Pero para quien piensa que la educaci�n tiene un objetivo mucho m�s amplio que el de la simple preparaci�n profesional, la respuesta que se ha dado puede quedar un poco corta.

Para muchos, la educaci�n ha de ser una preparaci�n para la vida. Ha de ayudar a la persona a ser lo que est� llamada a ser. Es cierto que en este momento de la historia la mujer est� llamada a dar su aportaci�n en el mundo laboral y social, y la educaci�n ha de responder a esta necesidad. Pero tambi�n lo es el que la mujer sigue llamada a contribuir en la sociedad siendo mujer, es decir, siendo lo que �nicamente ella puede ser: esposa y madre. En su trabajo, cualquiera la puede sustituir, pero como esposa y madre nadie lo puede hacer. Si llega a fracasar profesionalmente, el da�o siempre es reparable por otro. Pero si fracasa en esta, su misi�n fundamental, �qui�n la podr� suplir?

Un estudio difundido por el INEGI, denominado "14 de Febrero, Matrimonios y Divorcios en M�xico", refiere el aumento en la proporci�n de divorcios que ha habido en M�xico del a�o 1970 al 2003. Estos a�os coinciden precisamente con las d�cadas en que la educaci�n femenina se ha equiparado a la masculina en ese pa�s. En el a�o 1970, se produc�an 3.2 divorcios por cada 100 matrimonios en M�xico; para el a�o 1980 los divorcios aumentaron a 4.4. En 1990, el porcentaje sube a 7.2, en 2000 a 7.4, y en 2004 a 11.3 (1) .

A�n cuando las causas de los divorcios sean muy variadas, podemos al menos concluir que el tipo de educaci�n que se ha impartido en estos a�os, tanto a los ni�os como a las ni�as, no ha ayudado a aumentar la estabilidad familiar que es el �mbito donde la mujer desarrolla su misi�n fundamental de esposa y madre.

La educaci�n de la mujer, si ha de ser integral, ha de ocuparse de estos aspectos tan importantes para su personalidad, sin olvidar la preparaci�n profesional. Esto no se logra con materias extras, sino con un ambiente educativo que d� oportunidad a la ni�a para desarrollar las competencias necesarias para cumplir con su misi�n fundamental de la vida, que es ser mujer. Lo mismo aplica a la educaci�n de los ni�os. Es importante que su educaci�n los equipe de las competencias propias para ser buenos padres de familia y esposos, pero esto es tema para otro art�culo.

En un mundo que se va haciendo cada vez m�s unisex, la educaci�n femenina cobra cada d�a m�s importancia para que la sociedad no se vea privada de la aportaci�n m�s valiosa y trascendente que la mujer est� llamada a darle: su feminidad.

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