El mundo natural, segunda parte
Natalia L�pez Moratalla
Catedr�tica de Bioqu�mica
Universidad de Navarra
El puesto del hombre en el mundo natural
La dificultad mayor que encontramos para valorar y situarnos en relaci�n con los bienes naturales, es precisamente acertar con nuestra misma �situaci�n en el mundo�.
El olvido de que el mundo natural no es obra del hombre ha llevado a establecer sistemas de valoraci�n que priman sobre el valor del mundo natural en s� mismo; valoraci�n desde un punto de vista cient�fico, o econ�mico, etc.
Es decir, en funci�n de lo que proporcionan, sin m�s consideraci�n ni m�s l�mites. Esta visi�n, que s�lo mira al conocimiento desde las ciencias � al c�mo funcionan-, es demasiado reducida. Efectivamente el mundo natural en el que vivimos es tambi�n objeto de las ciencias experimentales, aunque es ante todo un mundo con significados no otorgados por el hombre.
La clave para que el significado ecol�gico ante el deterioro de la naturaleza, y la clava para conocer los l�mites que no deber�a pasar nunca la intervenci�n t�cnica del hombre, es alcanzar, como hemos se�alado, esta capacidad o actitud de ver en la realidad el sentido y el significado, esta capacidad o actitud de ver en la realidad el sentido y el significado, su valor y su riqueza, y no considerarlos s�lo materiales �neutros�.
Lo que se le pide al hombre es aceptar su lugar en el mundo. Y esto supone reconocer que hay en la naturaleza una verdad inteligible y no s�lo mecanismos causales, o mero azar, o absurdos sinsentidos; implica aceptar que alguien �dice� es verdad, que tiene un autor y que ese autor no es el hombre.
La historia de la Ciencia, como m�todo de conocer, es la historia por construir un sistema que prescinda metodol�gicamente de las cuestiones esenciales como qu� son, qu� sentido tienen, o por qu� existen.
Sin la existencia de un Creador con poder y amor no es posible entender el mundo natural. Ahora bien, la existencia de un ser en quien tienen su origen las criaturas naturales la proclamaron pensadores cl�sicos � sin conocimiento de la revelaci�n judeocristiana--, como Arist�teles, que nos dieron las m�s profundas explicaciones del mundo natural y de nuestro poder en �l; si bien es obvio que la profunda penetraci�n de la realidad que suponen las explicaciones aristot�licas no est� al alcance del com�n de los hombre. Se puede aceptar o no aceptar que el G�nesis es la explicaci�n del mundo y del hombre que nos da su propio Creador, pero dif�cilmente se puede encontrar en la historia del pensamiento una visi�n del mundo m�s profunda y coherente.
Sin una coherente visi�n del mundo se provoca una sensaci�n de inestabilidad e inseguridad que a su vez favorece formas de ego�smo colectivo, acaparamiento y prevariaci�n de los bienes naturales. De ah� que se planteen cuestiones �ticas � especialmente bio�ticas� --, ya que el fen�meno vital se presenta cargado de significaci�n �tica: la vida reclama una actitud de respeto, que no es uniforme. Entre la vida de un ser unicelular, la vida vegetal, la vida animal, la vida de especies en extinci�n y la vida humana hay diferencias esenciales que ser�a absurdo ignorar englobando todos los fen�menos bajo una valoraci�n homog�nea de la dignidad de la vida en general. Como se�alamos, aqu� nos interesa determinar la valoraci�n de la vida y del mundo inerte desde el punto de vista �tico y no s�lo desde la valoraci�n cient�fica.
El hombre tiene un lugar dentro del todo, un lugar muy alto, por otra parte. Puede decirse que el hombre es la medida de todas las cosas o que el hombre es un microcosmos. Pero �l ocupa este lugar por naturaleza; el hombre tiene su lugar en un orden que �l no ha originado. �El hombre es la medida de todas las cosas� es lo completamente opuesto de �el hombre es due�o de todas las cosas�.
La revelaci�n aporta una verdad que afianza y confirma el conocimiento que tiene el hombre de adquirir por su propia capacidad natural de conocer la naturaleza de las cosas, su sentido; conocimiento natural por la contemplaci�n filos�fica y el saber cient�fico. Por ello, fiarse exclusivamente de los datos de las ciencias positivas supone un pensamiento exclusivamente de los datos de las ciencias positivas supone un pensamiento demasiado d�bil para comprender el mundo natural y el puesto del hombre en �l.
No es pretendido menospreciar la Ciencia, sino subrayar la necesidad de rescatar en la formaci�n en la mente de cient�ficos, y de todo intelectual, las claves del pensamiento de la filosof�a de la naturaleza; rescatar las claves de la profunda explicaci�n de la realidad que nos permite entender de qu� manera la materia y la forma se hacen una sola cosa, de qu� manera azar y necesidad cooperan en los procesos temporales de los seres vivos.