El mundo natural, cuarta parte
Natalia L�pez Moratalla
Catedr�tica de Bioqu�mica
Universidad de Navarra
�� Vida: vegetal, animal y humana �
La unidad de los seres vivos es peculiarmente intensa a diferencia de los seres del cosmos que son inertes o no vivos. Esta unidad es debida a que, en ellos, materia y forma se corresponden. Las monta�as no tienen una forma fija y propia, sino que adquieren una figura, un perfil y un tama�o que depende de causas externas a su ser monta�a; sin embargo, un caballo de una determinada raza tiene forma de caballo, carne y hueso de caballo.
Esta unidad plena, materia�forma se debe a que cada individuo de cada especie posee el genoma propio de la misma. La vida de los organismos, de los m�s simples a los m�s complejos, consiste en la emisi�n del mensaje contenido en su genoma; es decir, los vivientes procesan la informaci�n contenida en el genoma.
La noci�n de informaci�n contenida en el genoma es perfectamente asimilable a la de forma, o principio ordenador, que tradicionalmente se ha denominado tambi�n como alma. La vida del ser viviente, su existencia, es el tiempo que dura la emisi�n del mensaje gen�tico. A lo largo de la construcci�n del organismo van apareciendo las instrucciones necesarias escritas en el mensaje gen�tico de cada individuo de cada especie: es un programa o mensaje que se emite.
La forma, la capacidad de configurar la materia, no se agota en configurar, sino que adem�s puede originar operaciones contenidas en la ordenaci�n material.
Es obvio que existe una enorme variedad de seres vivos, desde los que consisten simplemente en una sola c�lula, hasta los formados, como en el caso del organismo humano, por millones de ellas. Las estructuras corporales de cualquier ser vivo son complejas asociaciones� de mol�culas organizadas en niveles jerarquizados; y cada componente y cada parte del organismo tiene su funci�n propia, en orden al todo que constituyen: al viviente.
En un organismo, todas las c�lulas, tejidos y �rganos, mantienen una unidad dentro del conjunto, que hace que viva ese organismo, ese individuo concreto. El conjunto individualizado es m�s que la suma de las partes, y precisamente porque todas las partes se integran arm�nicamente, cada organismo vivo tiene una vida propia, con un inicio, un desarrollo temporal en el que se completa, crece, se adapta a diversas circunstancias, se reproduce, envejece, a veces enferma, y necesariamente muere.
M�s a�n, cada ser vivo es capaz de realizar una serie de funciones y operaciones que son propias de la especie a que pertenece, mientas que otros no tienen esas capacidades.
Las diferencias en el �contenido� del mensaje; eso es, a que poseen una forma diferente, y por consiguiente distinta capacidad de operaciones.
-�Un viviente unicelular es autosuficiente para que realice las funciones vitales espec�ficas y caracter�sticas; toma de su entorno los materiales disponibles y los emplea en la obtenci�n de la energ�a que necesita para alimentarse, moverse, y reproducirse; como todos los seres vivos, transforman el medio en el que viven, y establecen una relaci�n vital de manera que entran en comunicaci�n con el mundo exterior y para ello poseen sistemas de recepci�n de est�mulos, los llamados receptores. Ellos mismos, al poder autorregular sus propias capacidades, se adaptan a lo que su entrono les ofrece. Es decir, tienen muy poca autonom�a. M�s a�n, se reproducen por escisi�n: como tales individuos, mueren al dar paso a dos por duplicaci�n del material gen�tico y divisi�n celular en dos. Es un� individuo que tiene �poca identidad�; la emisi�n de su mensaje consiste principalmente en actualizar la informaci�n para dar una copia id�ntica, una replica de s�, y escindirse en dos.
-�Un organismo pluricelular tiene como forma un mensaje �con m�s contenido�. Una informaci�n que permite la construcci�n de un organismo con partes diferenciadas, y funciones vitales, m�s o menos complejas, y sobre todo tener reproducci�n. Por la reproducci�n, los seres vivos generan otros seres semejantes a s� mismos, en cuanto que dotados de los caracteres propios de la especie a que pertenecen sin dejar de existir en el proceso como tal individuo. La reproducci�n sexual requiere la participaci�n de dos individuos para la producci�n de la descendencia, aportando cada uno, padre y madre, la mitad del material gen�tico del nuevo ser; por el contrario, en la reproducci�n asexual, un solo individuo puede dar lugar a otro, desde una parte de �l o por autofecundaci�n. La mezcla de material gen�tico de sus progenitores permite que los individuos de una misma especie sean diferentes entre s�.
El mensaje gen�tico de un vegetal, lo que se ha venido llamando alma vegetal, no tiene instrucciones para que el organismo que se construya tenga sensibilidad, no traslaci�n. El viviente vegetal es dependiente del entorno, incluso para llegar a madurar, adquirir la figura y el tama�o que les corresponde, por el hecho de ser un individuo de una determinada especie.
El mensaje gen�tico de un animal, alma animal, informa un organismo que, por poseer un sistema nervioso m�s o menos complejo, le capacita para realizar operaciones como ver, oler, etc., y le permite conocer, tener una conducta, unas tendencias no espec�ficamente determinadas.
El desarrollo cerebral de los mam�feros, les permite mantener despu�s del nacimiento una cierta plasticidad neuronal, van cerrando progresivamente circuitos y de esta manera tienen, durante un cierto tiempo, capacidad de aprendizaje.
De acuerdo con el desarrollo, no ser�a correcto decir que el alma animal o sensitiva tiene facultades �vegetativas� en el sentido de que contuviera un alma vegetal, como a veces se entiende. El alma como principio vital es �nica, no es separable en segmentos. Puede afirmarse que el alma animal tiene facultades ligadas a la construcci�n del organismo, conservaci�n, crecimiento y reproducci�n: esto es lo contenido principalmente en los genes y en el genoma total y com�n a los vegetales y a los animales.
Pues bien, si observamos la biolog�a humana, las peculiaridades del cuerpo del hombre, destacan unas caracter�sticas morfol�gicas y fisiol�gicas que no s�lo le diferencian de los primates m�s pr�ximos en la escala evolutiva, sino que son miradas desde la biolog�a, muy sorprendentes.
�- Postura erguida y bipedalidad que permiten tener las manos libres.
El foramen magnus, el agujero situado en el cr�neo por donde pasa la m�dula espinal, no se sit�an en la parte posterior de la cabeza como sucede en los cuadr�pedos. As�, el cr�neo pas� a balancear sobre la columna vertebral, alejado del suelo, lo que condiciona el desarrollo de un cerebro en que adquiere importancia el sentido de la vista, al tiempo que deja de tenerla el sentido del olfato. Las primeras crecen con relaci�n al tronco y las extremidades superiores. Las posiciones de brazos y piernas y la estructura de manos y pies le impiden poder adaptarse a la vida en los �rboles, al mismo tiempo que le �convierte� en un corredor y artesano. Puede transportar objetos con sus manos y desplazarse al mismo tiempo.�- Cambios del aparato fonador que permiten articular sonidos.
�- Reducci�n del tama�o y cambio de la forma de la pelvis.
El proceso del parto ha competido con la marcha b�peda para conformar una pelvis ovoidal que permite una expansi�n del canal del parto ante el aumento craneal. La columna vertebral forma l�nea recta con las piernas y exige la musculatura propia de la verticalidad y por ello, la marcha erguida desempe�� un papel en el cambio, reducci�n del tama�o, y la forma de la pelvis. Debido a esto, y al crecimiento del tama�o del cr�neo, el paso del feto por el canal del parto se hace dif�cil y s�lo tiene soluci�n con un acortamiento del tiempo de gestaci�n. El reci�n nacido humano es siempre �prematuro e inmaduro�, tanto por este parto necesariamente adelantado, como porque con el aumento de la superficie craneal del neoc�rtex se da un retraso en la diferenciaci�n de las neuronas; as� nace �obligado� a una gran dependencia materna y un largo aprendizaje familiar.�- El tama�o, la forma y la organizaci�n del cerebro.
Especialmente la localizaci�n de las funciones del sistema nervioso en partes m�s anteriores del cerebro; la divisi�n en dos hemisferios, izquierdo y derecho, que puedan transferirse informaci�n y as� puedan coordinar las actividades mentales, fue el mayor cambio que produjo la hominizaci�n � proceso evolutivo que va desde hace unos cinco millones de a�os en que aparece el primate Australopitecus, que camina erguido, hasta la aparici�n del Homohabilis, hace m�s de un mill�n de a�os--. La gran diferencia entre el cerebro de los primates y los humanos es el enorme desarrollo de las �reas prefrontales humanas; esto no significa que sean la causa del intelecto superior humano, sino que este mayor desarrollo da soporte a muchas de las funciones del cerebro que se correlacionan con una inteligencia superior. Adem�s se ampliaron las zonas temporales y occipital del c�rtex, que favorece el desarrollo de la visi�n y la audici�n, presupuestos biol�gicos de un ser social que necesit� del lenguaje para comunicarse.
�- Producci�n de una inespecializaci�n.
Reflejada en caracter�sticas como: una capacidad de uni�n sexual no ligada a �pocas de celo; aguante de las mayores oscilaciones de temperatura; poca especializaci�n digestiva; no posesi�n de �rganos de ataque, etc�tera. El desarrollo corp�reo se hizo m�s lento, apart�ndose tambi�n de esta caracter�stica de los restantes individuos no humanos. Este desarrollo prolongado implica un entorno social m�s protector,� y una familia en que, probablemente por primer vez, los padres interven�an en el cuidado y alimentaci�n de los hijos. Ese ritmo del crecimiento del individuo humano se adecua a la inespecializaci�n funcional. La dependencia de sus padres es largu�sima y la dependencia del entorno social es constitutiva: es esencialmente social y educable. Necesita mucho tiempo para incorporar los componentes culturales de su entorno.
El alma humana, no s�lo es inmaterial � mensaje gen�tico que informa�, sino que carece de vinculaci�n con la materia, por lo que se le denomina espiritual. El alma humana �nica es distinta y propia de cada cuerpo humano. Es propia de cada persona, no de todos los hombres�ya que en las modificaciones intervienen infinitas variables propias de cada persona y su situaci�n�, sino de cada hombre, de cada persona.
El mundo del hombre es el mundo natural hecho para �l, pero no por �l, a diferencia de los mundos artificiales o virtuales.