Men� Tem�tico







Sitios Recomendados



    Est� en : Inicio :: La vida cotidiana:: :: El confort de la derrota

El confort de la derrota

Por: Alfonos Ag�il�
Fuente:
www.fluvium.org

������� El victimista suele ser un modelo humano mezquino, de poca vitalidad, dominado por su afici�n a renegar de s� mismo, a retirarse un poco de la vida. Una mentalidad que �como ha se�alado Pascal Bruckner� hace que todas las dificultades del vivir del hombre, hasta las m�s ordinarias, se vuelvan materia de pleito. El victimista se autocontempla con una blanda y consentidora indulgencia, tiende a escapar de su verdadera responsabilidad, y suele acabar pagando un elevado precio por representar su papel de maltratado habitual.

������� El victimista difunde con enorme intensidad algo que podr�amos llamar cultura de la queja, una mentalidad que �de modo m�s o menos directo� intenta convencernos de que somos unos desgraciados que, en nuestra ingenuidad, no tenemos conciencia de hasta qu� punto nos est�n tomando el pelo.

������� El �xito del discurso victimista procede de su car�cter incomprobable: no es f�cil confirmarlo, pero tampoco desmentirlo. Es una actitud que induce a un morboso af�n por descubrir agravios nimios, por sentirse discriminado o maltratado, por achacar a instancias exteriores todo malo que nos sucede o nos pueda suceder.

������� Y como esta mentalidad no siempre logra alcanzar los objetivos que tanto ans�a, conduce a su vez con facilidad a la desesperaci�n, al lloriqueo, al vano conformismo ante el infortunio. Y en vez de luchar por mejorar las cosas, en vez de poner entusiasmo, esas personas compiten en la exhibici�n de sus desdichas, en describir con horror los sufrimientos que soportan.

������� La cultura de la queja tiende a engrandecer la m�s m�nima adversidad y a transformarla en alguna forma de victimismo. Surge una extra�a pasi�n por aparecer como v�ctima, por denunciar como perversa la conducta de los dem�s. Para las personas que caen en esta actitud, todo lo que les hacen a ellos es intolerable, mientras que sus propios errores o defectos son s�lo simples futilezas sin importancia que ser�a una falta de tacto se�alar.

������� Hay b�sicamente dos maneras de tratar un fracaso profesional, familiar, afectivo, o del tipo que sea. La primera es asumir la propia culpa y sacar las conclusiones que puedan llevarnos a aprender de ese tropiezo. La segunda es afanarse en culpar a otros, buscar denodadamente responsables de nuestra desgracia. De la primera forma, podemos adquirir experiencia para superar ese fracaso; de la segunda, nos disponemos a volver a caer f�cilmente en �l, volviendo a culpar a otros y eludiendo un sano examen de nuestras responsabilidades.

������� Cuando una persona tiende a pensar que casi nunca es culpable de sus fracasos, entra en una espiral de dif�cil salida. Una espiral que anula esa capacidad de superaci�n que siempre ha engrandecido al hombre y le ha permitido luchar para domesticar sus defectos; un c�rculo vicioso que le sumerge en el conformismo de la queja recurrente, en la que se encierra a cal y canto. La victimizaci�n es el recurso del atemorizado que prefiere convertirse en objeto de compasi�n en vez de afrontar con decisi�n lo que le atemoriza.


Todas las marcas y logotipos que aparecen en este sitio pertenecen a sus leg�timos propietarios. El resto a Network-Press.Org:: 2003-2008