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Funci�n simbolizadora


Uno de los fen�menos m�s caracter�sticos y especificativos del hombre en cuanto hombre es su funci�n simbolizadora;�capacidad que tiene el hombre y, s�lo �l, de expresar muchas realidades bajo formas simb�licas.

Los s�mbolos son signos convencionales y, por ello, s�lo pertenecen al mundo humano. El s�mbolo, viene pues, a identificarse con un signo arbitario, una realidad que por convenci�n admitida, remite a otra.

Es evidente que los hombres somos creadores de s�mbolos, es decir, que conocemos realidades inmediatamente como son en s�, pero que hay otras que s�lo las conocemos o nos las representamos mediante signos convencionales o sistemas de s�mbolos.

El hombre no vive solamente en un universo f�sico como el animal, sino en un universo simb�lico que�toma conciencia de s� a traves de s�mbolos. Una clase social, una naci�n, adquieren conciencia de s� por sus s�mbolos (la hoz y el martillo, la bandera, etc) el hombre ha encontrado la manera de conocer y expresar realidades que se hacen inteligibles para todos mediante s�mbolos, ya que el s�mbolo�hace presente de alg�n modo, lo simbolizado.

Algunos animales tienen tambi�n ciertas expresiones de rabia, de terror, de ganas de jugar, de satisfacciones etc. pero con ellas s�lo expresan emociones subjetivas, nunca designan ni describen objetos, en cuanto conocibles, no dan paso del lenguaje afectivo al lenguaje proposicional, de lo subjetivo a lo objetivo. Los animales tienen algunos signos pero carecen de s�mbolos propiamente dichos.

El lenguaje

Sin duda el sistema simb�lico m�s como ejemplo y al mismo tiempo m�s humano, es el lenguaje. Se ha estructurado mucho la comunicatividad entre animales, y tambi�n el "lenguaje" animal. Se ha hecho toda clase de experiencias�e intentos para hacer "hablar a los animales antropomorfos como los chimpanc�s W. H Thorpe narra la experiencia con el chimpanc� "viki". "El resultado fue que en seis a�os "viki" solamente aprendi� cuatro sonidos que se aproximaban a palabras inglesas y ni siquiera mucho". Alg�n mayor �xito se tuvo con la joven chimpanc� "Washoe" en tres a�os aprendi� el uso de ochenta y seis signos del m�todo norteamericano LAS para sordos. No es gran cosa Algo parecido se logr� con "Sarah" otra joven chimpanc�".

No parece arriesgado afirmar�que son experimentos que al final no prueban si no la irreductibidad del habla humana a unos signos rudimentarios que acaban por repetir mimeticamente los animales. Henri Delacroix cita las conclusiones de Rabaud "los monos no poseen m�s lenguaje articulando que los otros animales vertebrados o invertebrados. Las pretendidas pruebas suministradas por las abejas, las hormigas y las avispas, s�lo construyen una interpretaci�n arbitraria de hechos mal observados. Expresar una emoci�n no es un medio de comunicaci�n. El ruido que hace un individuo, o su agitaci�n puede excitar a otros y programar.

Esto no es un lenguaje. El lenguaje es consecuencia de la capacidad de simbolizar y esta es a su vez consecuencia del pensamiento reflexivo y relacionado exclusivo de la raz�n humana.

El lenguaje potenc�a el pensamiento, pero sin el pensamiento nuca hubiera habido lenguaje. S�lo el ser autoconsciente, capaz de reflexi�n, capaz de estar presente a si mismo, puede distinguir entre realidad y s�mbolo, puede relacionar ambos y crear ese conjunto maravilloso de s�mbolos convencionales pero transparente que son las palabras. Para hablar hace falta conocer realidades distintas o distinguibles del sujeto cognoscente en cuando cognoscente. Por eso, el animal no habla porque recibe est�mulos y reacciona a ellos pero no conoce reflejamente realidades en cuanto distintas o distinguibles del sujeto.

En las palabras toma forma sensible la idea o representaci�n inteligible o racional, se hace as� presente a la conciencia humana y, lo que es a�n m�s asombroso, el conjunto de palabras que forma el lenguaje puede ser transmitidos a los dem�s.

Los otros reciben unas vibraciones ac�sticas en su t�mpano cuando oyen, o unas ondas lum�nicas en su retina cuando leen, sino que escuchan y entienden el contenido conceptual, traducen el sonido o el signo a idea, en tiende y se posibilita as� una intercomunicaci�n �nica e infinitamente enriquecedora. Con el lenguaje penetramos hasta lo m�s profundo del ser de los otros y les trasmitimos nuestra idea. Una conversaci�n o un libro son mucho mas que conjuntos de sensaciones.

Con las palabras el hombre designa cosas concretas que, de suyo tienen nada que ver con las palabras. En espa�ol llamamos " casa" a lo que los romanos llamaban "domus" y los alemanes llaman "haus", los franceses "maison" y�los ingleses "House". A cada cosa la ponemos un nombre concreto. Todo s�mbolo concreto e individual se refiere a una individualidad. Pero por la capacidad humana de abstraer, tenemos tambi�n innumerables s�mbolos universales con los que designamos a todos los individuos de la misma naturaleza. Es claro que las palabras sirven tambi�n para la objetividad y para la conformaci�n de nuestros conocimientos. El pensamiento es un lenguaje �fono. Pensamos con palabras aunque no las pronunciemos, y sin ellas no podemos pensar, avanzamos en el conocimiento y�nos intercomunicamos y, vamos mucho m�s all� de los reflejos sensoriales. La infinita potencia y riqueza del esp�ritu humano se muestra en que con s�lo veintis�is o veintiocho signos fon�ticos o gr�ficos, podemos formar y expresar infinitos conceptos e ideas, toda la riqueza del ser, de las ciencias, las artes y de la convivencia humana, y aquellas con los que nos comunicamos, nos escuchan o nos leen, nos entienden y les entendemos.

M�s a�n el lenguaje hablado o escrito no es s�lo fon�tica, ni sem�ntica siendo �sta, muy importante sino sobre todo sintaxis es decir capacidad de coordinar y unir las palabras para formar proposiciones m�s complejas con sentido sujeto, verbo y complemento y de unir esas proposiciones o sintagmas en sistemas a su vez m�s complejos seg�n las leyes de la l�gica, hasta formar el discurso y las ciencias. Toda la riqueza de la cultura humana acumulada, trasmitida y aumentada siempre m�s, a lo largo de los siglos. "sin el simbolismo dice Cassier la vida del hombre seria la de los prisioneros en la caverna de Plat�n. Se encontrar�a confinada dentro de los limites de sus necesidades biol�gicas y de sus intereses pr�cticos , sin acceso al mundo ideal que se le abre, desde dimensiones diferentes, la religi�n, el arte, la filosof�a y la ciencia.

�Qu� juzgar, ante estos hechos, de la proposici�n de WH Thorpe "por muy grande que sea el abismo que separa a los sistemas animales de comunicaci�n del lenguaje humano, no existe ninguna caracter�stica �nica que pueda ser utilizada como criterio infalible para distinguir entre los animales y el hombre a este respecto? Nuestra respuesta es que, efectivamente, no existe una caracter�stica �nica, sino todas las caracter�sticas de lenguaje humano muestra la irreductibilidad de los rudimentarios signos de los animales a la capacidad admirable del lenguaje humano.

Hay una vinculaci�n indudable del lenguaje humano a determinados sistemas neurofisiol�gicos. Se sabe que el enc�falo es la base anat�mica del lenguaje, se sabe la importancia de "la corteza cerebral adaptativa "Penfield" y de las neuronas adaptativas, se sabe que algunas funciones ling��sticas se relaciona con determinadas zonas de esa corteza adaptativa de modo que lesiones en esas zonas puede alterar las funciones ling��sticas. Todo ello significa que el yo pensante no s�lo la inteligencia ni la raz�n, ni el alma de la que despu�s hablaremos sino la persona entera. Cualquier acto humano es de la persona entera. S�lo con el cerebro y el sistema fonol�gico la persona humana no podr� hablar. S�lo con el alma tampoco. Por eso una lesi�n cerebral puede obstaculizar o suprimir la locuci�n o incluso el pensamiento.

Cuando y como naci� el lenguaje en el hombre ha sido tema discutid�simo, sobre todo desde la ilustraci�n. Joseph de Maistre(1753-1821) y louis de Bonald (1754-1840) lo consideraban como revelado por Dios a los hombres en una primitiva lengua com�n y con el lenguaje, Dios habr�a revelado todo un conjunto de verdades metaf�sicos, religiosas y morales que se trasmitir�an por tradici�n. Hoy son principalmente los antrop�logos los que estudian este problema en el que no podemos detenernos nosotros.


El Arte

Otra de las funciones simb�licas m�s caracter�sticas del hombre, y a las que ciertamente no alcanzan los animales, es la expresi�n art�stica de la belleza y su contemplaci�n.

El arte puede ser imitaci�n de la naturaleza, como lo es en la pintura costumbrista o en la del paisaje natural, pero con m�s frecuencia es una idealizaci�n, un intento de perfeccionar la naturaleza y de construir lo que ella no construye, de transcenderla hacia formas en las que se exprese una armon�a, una perfecci�n superior que s�lo la mente concibe e intenta plasmar despu�s en el m�rmol, en la tela de la m�sica o en la poes�a. Es verdad que el arte no es s�lo expresi�n de la belleza porque a veces puede ser expresi�n de sentimientos sublimes o tr�gicos, alegres o dolorosos, pero siempre requiere una intuici�n del artista que sabe plasmar en el lienzo, en el m�rmol, en notas musicales, en gesto teatrales, o en palabras, el sentimiento profundo y bello con el que los dem�s se sienten identificados o conmovidos. Si de alguna manera no hay belleza; no hay arte en sentido escrito. Habr� t�cnicas que es otra cosa.

En toda creaci�n art�stica encontramos une estructura teol�gica definida: se busca expresar la belleza, transmitir un sentimiento, encarnar una idea, provocar una impresi�n de proporci�n y ritmo. El artista es un descubrimiento de las formas que luego intenta sensibilizar. Loenardo de Vinci habla de la finalidad de la pintura y la escultura como un saper vedere la forma, en el sentido griego del t�rmino------- para luego hacerla sensible.

La experiencia est�tica que la contemplaci�n de las obras art�sticas produce es inexpresable. Cuando estamos absortos en la contemplaci�n de una obra de arte, presentimos un nuevo reino de las formas, ideas o belleza absoluta de la que habla Di�tima, la extranjera de Mantinea, en el banquete de Plat�n, una belleza que es m�s real que la de los colores o los sonidos porque los transciende. Vemos la realidad toda con una luz nueva. As� nos sucede ante la catedral de Burgos, la Quinta Sinfon�a de Beethoven, el Entierro del Conde de Orgaz del Graco, el Edipo Rey de Sofocles, el c�ntico espiritual de San Juan de la Cruz o la Par�bola del hijo prodigo que a mi juicio, es la pagina m�s bella de la literatura mundial. no es extra�o que Aristoteles hable de la catarsis o liberaci�n que producen ciertas obras art�sticas. Una liberaci�n por sublimaci�n.

Pero no es nuestro intento aqu� disertar sobre Est�ticas o teor�as de la belleza. S�lo pretendemos destacar la capacidad humana, y s�lo humana, de intuir la belleza de crear y de admirar, de llegar hasta los m�s profundo de los sentimientos humanos y la potencia del esp�ritu humano para expresar esa belleza, o esos sentimientos, de modo que conmueven a los dem�s porque se establece una corriente de empat�a entre el artista y los que contemplan, escuchan o leen su obra. Heidegger ve en el lenguaje po�tico la experiencia original de la cultura.


La Esencia de la Cultura

En la r�quisima variedad de definiciones sobre la Cultura que en todas la �pocas se han formulado, encontramos en todas ellas un "com�n denominador", en unas expl�cito y en otras impl�cito: el cultivo por el hombre de todo lo humano.

Ya su ra�z etimol�gica - colere; cultivo - nos indica que es precisamente la acci�n del hombre sobre la naturaleza para fomentarla y perfeccionarla, lo que conforma el mundo de la cultura. Toda la naturaleza es susceptible de cultivo; as� por ejemplo, la tierra sin cultivar en estado "natural", da frutos, pero la tierra cultivada - agricultura - da m�s y mejores frutos. Sin embargo, el sentido m�s profundo y esencial de la cultura est� en el cultivo y perfeccionamiento de la naturaleza humana, en el desarrollo y actualizaci�n de las capacidades y aptitudes del hombre. Y es el hombre cultivado - en mayor o menor grado - quien, por su actividad dirigida a perfeccionar la naturaleza exterior crea las obras culturales, que a su vez ayudan a otros hombres a cultivarse, form�ndose as� un "c�rculo virtuoso".

De este modo encontramos que el ancho mundo de la cultura existen dos realidades que es preciso distinguir: la cultura subjetiva o personal y la cultura objetiva o real, ambas interdependientes pues, como dec�a Ortega y Gasset, "el hombre cultiva y humaniza el mundo para cultivarse y humanizarse as� mismo".


La cultura Subjetiva (o Personal)

Si la cultura brota del esp�ritu del hombre y, al mismo tiempo es el hombre el destinatario de la cultura, resulta obvio que la vertiente m�s importante, profunda y esencial es la "cultura subjetiva".

Juan Pablo II dice al respecto: "La cultura es aquella a trav�s de la cual el hombre, en cuanto hombre, se hace m�s hombre, "es" m�s, accede m�s al "ser". En esto encuentra tambi�n su fundamento la distinci�n capital entre lo que el hombre es y lo que tiene, entre el ser y el tener. La cultura se sit�a siempre en relaci�n esencial y necesaria a lo que el hombre es, mientras que la relaci�n a lo que el hombre es, mientras que la relaci�n a lo que el hombre tiene, a su "tener", no solo es secundaria, sino tambi�n relativa. Todo el "tener" del hombre no es importante para la cultura, ni es factor creador de cultura sino en la medida en que el hombre, por medio de su "tener", puede al mismo tiempo "ser" m�s plenamente hombre".

Este "ser m�s plenamente hombre" es el objetivo de la cultura subjetiva, pues implica el desarrollo de todas las capacidades y potencialidades humanas; es decir, la formaci�n integral del ser humano.

La "Cultura subjetiva" o "cultura personal" tendr� siempre una dimensi�n de interioridad al hombre, e inicia "de cero" en cada persona pues, "cada ni�o al nacer, es un ni�o de la edad de piedra" (Zimmerman).

Es por ello que Juan Pablo II recuerda que "la primera y esencial tarea de la cultura en general, y tambi�n de toda cultura, es la educaci�n. La educaci�n consiste, en efecto, en que el hombre llegue a ser cada vez m�s hombre.. que el hombre sepa "ser m�s " no s�lo "con los otros", sino tambi�n "para los otros".

Esta "cultura subjetiva" viene a constituirse como una "segunda naturaleza" del ser humano.

Efectivamente, la intima relaci�n existente entre la educaci�n y la cultura es de capital importancia. En esta relaci�n nos encontramos con un hecho fundamental: en la base de cada cultura existe una conceptualizaci�n precisa del ser humano, y como "en definitiva son los hombres lo que educan a los hombre", de la respuesta que el propio hombre de a la pregunta �qu� es el hombre? Depender� la configuraci�n esencial de su cultura.


La Cultura Objetiva (o Real)

El hombre interiormente cultivado necesariamente refleja su esp�ritu en el mundo exterior, en los objetivos producidos por su actividad; esto es lo que constituye la "cultura objetiva" o "cultura real". A diferencia de la cultura subjetiva, la cultura objetiva no inicia "de cero"; por su caracter�stica de exterioridad es heredable.

Como realidades objetivas concretas surgidas de las manos del hombre, las obras culturales se incrementan de generaci�n en generaci�n, form�ndose as� el "patrimonio cultura" de un pueblo, de una naci�n, de toda la humanidad; es por ello que la cultura objetiva tiene m�s "volumen" que la subjetiva, aunque esta �ltima sea su origen y su finalidad.

Cultura objetiva ser� pues el arte, la ciencia, la t�cnica, la econom�a, la pol�tica, el derecho, la moral, la religi�n; y el modo espec�fico como encarna en una sociedad determinada es lo que constituye la civilizaci�n."En estricto rigor, cultura y civilizaci�n son t�rminos que deben tomarse como sin�nimos... sin embargo, se emplean para designar dos aspectos diferentes de la misma realidad existencial".

Miguel Angel Bounarotti fue una persona que cultiv� sus capacidades y habilidades; la formaci�n del artista es cultura subjetiva. Las obras de sus manos - como "El David" o "La Piedad" - son arte, cultura objetiva, pero arte que pertenece a la civilizaci�n italiana del siglo XVI

De igual forma tambi�n son expresiones de la cultura objetiva: la ciencia, la t�cnica, la econom�a, la pol�tica, el derecho, la moral y la religi�n; y corresponde designar como civilizaci�n a: los laboratorios y universidades, las m�quinas, los mercados, los sistemas de gobierno, los tribunales, las normas �ticas, los templos y ritos.

Aunque se dice que la Cultura es participar en el poder creador de Dios, las posibilidades creadoras del hombre son necesariamente limitadas, tanto en el conocer, como en el obrar y en el hacer. La raz�n es obvia tal como se�ala perfectamente Angel Gonz�lez Alvarez: "siendo el hombre un ser finito, limitado, es incapaz de hacer algo partiendo de la nada. Hay en la creaci�n divina novedad absoluta del ser. En la creatividad humana solo hay novedad relativa. Necesita el hombre de lo real existente como causa material que condiciona la peculiar estructura del producto de su imaginaci�n. La praxis productiva se limita a educir nuevas formas accidentales de la realidad natural que las contiene en potencia. La creatividad humana m�s que creaci�n es invenci�n".


La Ciencia y la tecnolog�a.

El fen�meno de la ciencia es otro exclusivo del ser humano; s�lo el ser humano ha sido capaz de alcanzar saberes ciertos, objetivos, universales y sistem�ticos sobre la realidad, sobre todas las �reas de la realidad, ya sea de naturaleza f�sica, como en las ciencias naturales, por ejemplo en f�sica o qu�mica; o sobre las realidades humanas; como en las humanidades y ciencias sociales, por ejemplo los logros en filosof�a, psicolog�a o en antropolog�a.

El hallazgo cient�fico es un avance impresionante de la humanidad; el haber logrado leer en las estructuras de la naturaleza, haber conseguido formular enunciados te�ricos leyes o principios que en verdad reconocen el orden y las relaciones existentes en las dimensiones de la realidad; el haber encontrado los principios l�gicos y las causas de los fen�menos, haber encontrado muchos de los secretos de la Naturaleza y con ellos lograr cierto dominio sobre ella; todas son haza�as colosales que demuestran el poder dela inteligencia humana y su af�n de b�squeda incesante; el progreso cient�fico no ha cesado; es inherente a la humanidad; el progreso es fruto de la ciencia; las abejas viven en panales desde que el hombre habitaba en cavernas, peor hoy en d�a el hombre puede construir casas confortables e incluso edificios inteligentes y s abejas siguen construyendo panales. Podemos decir que la ciencia creada por el hombre le proporciona la seguridad de un mundo que se mueve con leyes constantes; y la gran haza�a cient�fica es muestra de la superioridad de la raza humana.

Por otro lado, la tecnolog�a; que podemos entender como la ciencia aplicada, concretamente en el dominio de la naturaleza; se ha visto concretado desde la invenci�n de la m�quina: desde la rudimentaria de vapor hasta la sofisticada computadora. Cuando uno piensa en lo maravilloso y complejo de un trasbordador espacial, de una sat�lite, o en la investigaci�n microsc�pica de los componentes de la materia inerte y de la vida, cuando se contempla la perfecci�n de los laboratorios, o la riqueza de las bibliotecas, o la organizaci�n de los aeropuertos, o la edici�n de las rotativas y as� tantas realidades humanas, no puede uno menos de sentir que el hombre est� a una infinita distancia de los animales y que es vano tratar de acercarnos a ellos. El hombre y la sociedad humana son otra cosa.

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