Corresponder
Por: Alfonso Aguil�
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Fuente: www.fluvium.org
������� �Mi madre �me dec�a hace ya tiempo un buen padre de familia� es muy absorbente. Y siento tener que decir que desde que la hemos tra�do a casa hemos empezado a tener un mont�n de problemas nuevos.
������� �Tiene setenta y ocho a�os y est� bastante enferma. Y la enfermedad le afecta ya un poco a la cabeza, y se ha hecho bastante absorbente, como te dec�a, por no decir que a veces �con perd�n� est� insoportable.
������� �A ella le gustar�a que estuvi�ramos todo el d�a a su lado, y nos controla hasta las horas de llegada a casa por la tarde. No para de opinar de todo, y la verdad es que hay veces en que acaba con mi paciencia.
������� �Algunas veces pienso que lo mejor ser�a que estuviera en una residencia, y dejarme de problemas. Pero luego me averg�enzo al recordar todo lo que ella me ha soportado a m�, antes y despu�s de nacer. Y pienso que no puedo menos que corresponder ahora as� con ella.�
������� Se trata de una situaci�n bastante com�n en muchos hogares. Son circunstancias que a veces se hacen dif�ciles, pero que hay que asumir serenamente, como una tarea dif�cil y al tiempo maravillosa, de hacer felices a nuestros padres en esos pocos a�os que les quedan de vida.
������� A veces, por su edad o por su enfermedad, ya casi no pueden evitar ser como son. Quieren atenci�n, cuidados y cari�o. Y a veces act�an con un ego�smo invasor que hay que saber encauzar, con un modo de ser que quiz� nos cansa bastante, y entonces nos vienen a la cabeza pensamientos que luego vemos que no est�n bien.
������� Hay que pensar que cuando nosotros ten�amos seis meses, o cuatro a�os, tambi�n ser�amos muchas veces pesados, desagradables o caprichosos. Y seguro que m�s de una vez nuestra madre perdi� un poco los nervios y se le pas� por la cabeza la idea de que de buena gana nos tiraba por la ventana. Pero, naturalmente, no lo hizo y aqu� estamos.
������� Piensa que hace unos a�os tus padres te cuidaron a ti. Ahora se han invertido los t�rminos y tienes que cuidarles t� a ellos. Y no olvides que dentro de no muchos a�os, se volver�n a invertir las tornas, y ser� de ti de quien tendr�n que cuidar. Piensa que cuidando a tus padres, o a tus suegros, aparte de cumplir un deber de justicia y de cari�o, est�s ense�ando mucho a tus hijos. Ve prepar�ndote para entonces y act�a ahora como quieres que suceda contigo en el futuro.
������� He sabido que, en los d�as de comienzo de vacaciones, o de un puente un poco m�s largo, hay en los hospitales una avalancha de ingresos de personas de edad avanzada. Y no es porque esos d�as tengan los abuelos alg�n motivo especial de enfermedad, sino porque muchas familias quieren deshacerse de sus padres ancianos y pasar as� m�s tranquilos las vacaciones. Me pregunto si en esas familias habr� realmente tranquilidad y alegr�a en el disfrute de esos d�as de descanso, despu�s de abandonar as� a quienes les dieron la vida.
������� Esas familias en las que todos los hermanos se desentienden, en las que a todos les es materialmente imposible atender a sus padres ancianos, en las que �en el mejor de los casos� los soportan unos pocos d�as en cada casa y con cara de disgusto; en esas familias, es f�cil que dentro de veinte o treinta a�os a ellos les espere de sus propios hijos un trato parecido en sus �ltimos a�os de vida.
������� Sin embargo, he conocido, por fortuna, muchas otras familias que han considerado un orgullo hacer felices a sus padres ya ancianos, y que han hecho grandes equilibrios para acogerles gustosos. Eso les ha supuesto tantas veces renunciar a muchas salidas y a mucha aparente felicidad, pero son familias felices y se les puede augurar una vejez feliz, porque sus hijos habr�n visto, como una lecci�n pr�ctica, c�mo se trata a los propios padres cuando se hacen mayores.