Menú Temático







Sitios Recomendados



    Está en : Inicio :: Antropología Teológica :: Capítulo XVIII [Relación entre la gracia y la conversión libre del hombre]

CAPITULO XVIII

RELACIÓN ENTRE LA GRACIA Y LA CONVERSIÓN LIBRE DEL HOMBRE


Nota Preliminar

El hombre es justificado por Cristo en cuanto que coopera libremente con la gracia divina. Esta cooperación del hombre con Dios no debe concebirse de una manera antropomórfica, como si una parte del proceso de la conversión dependiera únicamente de Dios y la otra parte únicamente del hombre, o como si Dios y el hombre cooperasen paralelamente, uno independiente de otro, produciendo el mismo efecto.


Esta manera de concebir la acción divina y la cooperación humana se olvida de la trascendencia y del supremo dominio de Dios. Para ello se tratará de indicar en qué consiste propiamente el misterio del sinergismo entre la acción divina y la humana.


Dios ayuda misericordiosamente al pecador a moverse progresivamente hacia la conversión. El pecador tiene que cooperar con esta atracción divina. Existe, por consiguiente, una acción divina por Cristo, en el hombre que todavía no está en Cristo. A este término en la teología neoescolástica es designado con el nombre de gracia actual, pues transforma la operación del hombre, sin llegar a transformar su persona.


Naturaleza de la Gracia Actual

Las gracias actuales son las ayudas que Dios le da al pecador para que se mueva hacia la justificación mediante la fe, la esperanza, el temor, etc. De esta forma, el influjo divino, que excita y ayuda al pecador para que se disponga a la justificación, actúa en el entendimiento y en la voluntad del hombre.


La acción mediante la cual Dios prepara para la justificación, supone que el pecador ya conoce el evangelio; por consiguiente, la acción de Dios en el entendimiento no nos revela ninguna verdad nueva, sino que hace que el hombre pueda ver y apreciar bajo una nueva luz lo que ya conocía de antemano.


La acción de Dios en el entendimiento y en la voluntad es inmediata: afectivamente, en contra de los pelagianos y de los semipelagianos la Iglesia ha declarado que no basta con el influjo de las gracias externas (predicción, testimonio, ejemplos) para convertir al hombre.


Es Dios mismo el que tiene que actuar en el corazón del hombre, para transformarlo y moverlo. El hombre sigue orientado hacia su propio bien terreno e individual como supremo valor, y por consiguiente sigue siendo pecador.


La gracia de Cristo, que conduce al hombre a la conversión, se adapta a la psicología humana, empezando por suscitar movimientos espontáneos hacia el bien divino, y que son por tanto tomas de posición libres, pero todavía imperfectas, hasta llegar finalmente a la opción fundamental que se realiza en el instante mismo de la justificación. Todos estos actos son dones de Dios, gracias, ya que producen bajo el influjo divino y no podrían llegar hasta su término sin este constante influjo de Dios.


Las gracias actuales sanan al hombre dividido en sí mismo, en la medida que hace que el hombre acepte con mayor facilidad el misterio cristiano, como verdad y como valor. Ayudan al hombre a convertirse, moralmente (pues sigue la atracción divina) y físicamente (le da perfección sobrenatural).


La trascendencia de la acción divina, que suscita la actividad libre del hombre sin violentarlo y sin la mediación de ninguna entidad creada que tenga que introducirse con una facultad.


El Problema de las Gracias Eficaces


La existencia de las gracias actuales, concedidas a todos y necesarias para la conversión, nos plantea un problema: ¿por qué motivo algunos llegan a la conversión, mientras que otros permanecen en pecado?


Existen gracias que le dan al hombre una verdadera posibilidad de conversión, pero que no obtiene su efecto, debido a la libre resistencia del hombre; en otras palabras existen gracias –verdaderas y meramente suficientes-


Fundamentos Bíblicos


  Antiguo testamento:

   Dios promete la efusión de su Espíritu, que dará no solamente la capacidad de vivir, según la ley de Dios, sino también la actuación de la ley.

  Nuevo testamento:

   Los actos buenos dependen de Dios. Jesús establece una oposición entre los que no creen y los que pertenecen a su rebaño, pues, le han sido dados por el Padre, y a los que nadie es capaz de arrebatar de sus manos. Los justos reciben del Padre la capacidad de obrar y las mismas acciones.

   Se distingue también entre lo elegidos y los llamados. Si no todos los llamados son elegidos, los elegidos reciben un beneficio que no está incluido en la llamada.


Lo que decide en último análisis si un hombre determinado o un pueblo determinado ha de conseguir los bienes mesiánicos, no es la deliberación humana, ni una acción intensa y laboriosa, sino la elección divina.


Dios usa de misericordia con quien quiere y endurece a quien quiere. En el nuevo testamento concede también gracias que dan una auténtica posibilidad de obrar y a las que los hombres resisten, haciéndose de esta forma dignos de reproche.


El resultado de la controversia semipelagiana


Una de las ideas determinantes del semipelagianismo es que Dios quiere igualmente la salvación de todos, mientras que es el hombre el que escoge su propia salvación o su propia condenación, aceptando o rechazando la gracia.


 Agustín: Dios comienza la obra de la salvación, dándole al hombre la primera gracia, sino que además la misma respuesta a la llamada divina proviene de Dios. La gracia eficaz de un don de Dios más grande todavía que la gracia meramente suficiente.


  Dios obrando en la intimidad del hombre, no hace que creamos sin querer creer (lo cual sería imposible), sino que los que no querían creer, quieran creer.


El resultado de la controversia jansenista


¿por qué algunos resisten a la gracia?: Los Jansenistas, Adán tenía la gracia, a la que podría consentir o resistir libremente. Después del pecado, el hombre se ve irresistiblemente arrastrado por el amor propio; de este amor se ve liberado solamente cuando Dios le infunde un amor divino más fuerte que el amor propio. Si el amor divino no supera a la concupiscencia opuesta, habrá únicamente un deseo de voluntad y estéril del bien.


La doctrina jansenista, según la cual el hombre es incapaz de resistir a la gracia, ha sido condenada como herética.  Es preciso concluir que el hombre, incluso después del pecado original, resiste algunas veces a la gracia y que en estos casos la gracia permanece sin efecto por culpa del hombre.


Sistemas escolásticos

Según esta terminología, todas las gracias han de llamarse suficientes, ya que ofrecen una real posibilidad de obrar en orden a la salvación; sin embargo, existen gracias que se quedan sin haber alcanzado un efecto saludable, no tienen como fruto un acto deliberado, por causa de la resistencia de la voluntad.


Los teólogos intentaron explicar ulteriormente en qué consiste la eficacia en acto primero de la gracia, por una especial benevolencia de Dios, conduce al consentimiento.

Aceptan como punto de tres enunciados dogmáticos:

 1.- el hombre, incluso bajo la moción de la gracia eficaz, conserva la libertad, no sólo de toda coacción externa, sino también de toda necesidad interna.

 2.- La gracia suficiente de una verdadera posibilidad de poner un acto saludable y permanecer sin efecto en virtud de la libre resistencia del hombre.

 3.- Los que reciben la gracia eficaz, reciben de Dios un beneficio mayor que aquellos a los que se les ha concebido una gracia meramente suficiente.

La escuela tomista defendió que: El sistema de la predeterminación física, según el cual la eficacia de la gracia depende de una moción previa para el acto saludable.
El recurso de la trascendencia divina


La entidad divina no tiene una relación con el tiempo: Dios está absolutamente fuera del tiempo, en el ahora inconmovible de su eternidad, y contempla todos los modos posibles con que su esencia puede ser imitada. Dios quiere que todo lo que sucede en este mundo, como acto de su voluntad, sea y suceda en el correr del tiempo.


El concurso divino de Dios no es más que la continuación de la acción creadora y tiene como efecto inmediato la entidad misma de la acción creatural, sin necesidad de que medie ninguna entidad especial.


La acción libre depende totalmente de Dios, sin que está dependencia quite su libertad. La deficiencia moral, no es más que la falta de esa dependencia de Dios, por lo tanto el pecado en cuanto tal, tiene su origen solamente en la criatura defectible, que se sustrae de la dependencia de Dios.


Al llevar en función un acto bueno, se dice que existe una dependencia más profunda de Dios, ya que participa en mayor grado de la perfección divina, y por eso el acto bueno es un don divino mayor que el acto disconforme con la ley moral.


Dios obra en este mundo sin interrumpir la cadena de las causas creadas, insertándose entre ellas: él crea continuamente todo el conjunto de causas creadas y su eficiencia, no –categorialmente- sino –trascendentalmente-, de tal modo que su influjo es una dimensión constante de todo el devenir.

Todas las marcas y logotipos que aparecen en este sitio pertenecen a sus legítimos propietarios. El resto a Network-Press.Org:: 2003-2008