CAPITULO XVII
LA COOPERACIÓN HUMANA EN LA JUSTIFICACIÓN
La gracia que justifica al hombre es descrita como un impulso que lo excita, lo mueve y lo ayuda en su camino hacia Cristo.
1) La Sagrada Escritura enseña que el pecador puede y debe disponerse a la justificación.
2) El concilio de Trento especifica que el hombre pecador conserva la libertad, y de esta forma puede cooperar con la gracia.
3) La controversia con el augustinismo heterodoxo precisó la doctrina de Trento sobre la libertad de la cooperación humana con la gracia.
4) La teología contemporánea explica la relación entre la preparación humana y la justificación.
LA DOCTRINA BIBLÍCA
El tema de la penitencia constituye la síntesis de dos mensajes bíblicos antinómicos (contradictorios):
a)El pecador por sí mismo es incapaz de dar los primeros pasos a la justificación (Jn 6,44.65; Ef 2, 1.10)
b)El hombre, aunque pecador, sigue siendo libre y es responsable de su destino esterno (Eclo 15, 11-17; Mt 23,37; 25,31-46).
La solución que integra toda la riqueza de la doctrina bíblica , recurre a la gracia divina que actúa en el corazón del pecador, de tal manera que lo que resulta imposible sin la gracia, se hace posible bajo la acción de dicha gracia (Mt 19,25-26).
La vuelta a Dios incluye varios actos libres, entre los cuales encierra especial importancia la esperanza del perdón, el aborrecimiento de los pecados cometidos y el propósito de una nueva vida.
En Rom 3, Pablo enseña que la fe es necesaria para la justificación, la carta a los hebreos excluye que la justificación sea posible sin la fe.
En el Genésis se nombra a Henoc que agradó a Dios, refiriéndose a un acercamiento con Dios, el cual implica una transformación, la cual no es más que la justificación, misma que se vuelve inconcebible sin la fe.
La fe supone confianza y una adhesión intelectual a Dios
La justificación en la escritura se le atribuye a unas veces a la fe, otras al temor y otras a la caridad para con el prójimo. Ello no indica que queden excluidos otros elementos, pues en Lucas 7,47-50, se le atribuye la remisión de los pecados una vez al amor y otra a la fe.
Al determinar la relación que existe entre la fe y la justificación en la verdad bíblica, según la cual la justificación es un don gratuito de la misericordia divina.
LA DOCTRINA DE LA REFORMA
La doctrina sobre la libre conversión del hombre fue puesta a discusión por los reformadores del siglo XVI, la cual es inconciliable con una de las convicciones fundamentales de la reforma: el pecado original ha corrompido totalmente al hombre.
Lutero admite que el hombre es libre en las decisiones cotidianas de la vida práctica, en orden a aquellos fines que son inferiores al hombre; pero niega que el hombre sea capaz de elevarse sobre sí mismo, para someterse a la voluntad divina.
Lutero define la fe como el abandono total del hombre
Los autores concluyen que la fe tiene que ser considerada como un instrumento , con el que hacemos nuestra la justicia de Cristo. No se trata de una disposición para la justicia, sino de una condición necesaria para que pueda realizarse el intercambio por el que Cristo asume nuestros pecados y nos imputa su justicia.
LA RESPUESTA DEL CONCILIO
El concilio de Trento condenó el fundamento de la doctrina reformada, definiendo que el libre albedrío no ha quedado extinguido ni es capaz solamente de pecar, aunque haya sido atenuado.
Describe la fe como un asentimiento intelectual, que es sin embargo un acto libre; con él el Pecador se mueve libremente hacia Dios.
El temor que dispone para la justificación, no es solamente un sentimiento espontáneo de terror ante las sanciones divinas que amenazan a los que traspasan la ley del Señor, sino una toma de posesión afectiva , que lleva al aborrecimiento del pecado, que supone la fe y que está unida a la consideración de la misericordia divina.
Se requiere además el dolor de los pecados cometidos, el propósito de observar los mandamientos divinos, y en los no bautizados, el propósito de recibir el bautismo.
Sin embargo, el concilio establece que sin la fe nadie puede jamás conseguir la justificación.
Ofrece también la explicación católica de las afirmaciones paulinas, según las cuales el hombre es justificado por la fe y gratuitamente.
LA CONTROVERSIA CON EL AUGUSTINISMO HETERODOXO
Radica principalmente en que un solo doctor de la Iglesia no puede agotar todo el misterio de nuestra divinización en Cristo, como quisieron atribuirle a San Agustín los jansenistas.
LA DOCTRINA DEL JANSENIO
Agustín fue elegido por Dios para darle a la Iglesia la inteligencia de la doctrina revelada sobre la gracia, y la Iglesia ha reconocido a Agustín como su único maestro en esta materia.
En su obra, Jansenio trata del concepto de libertad en general de la libertad que le ha quedado al hombre después del pecado original.
Para Agustín -dice Jansenio- es libre aquél que es dueño de sus actos, el que hace lo que quiere, sin constricción y sin violencia de ninguna clase, porque así lo quiere. Todo lo que la voluntad quiere, es libre: por consiguiente, solamente no es libre lo que es voluntario, como nacer, crecer, dormir, morir, etc.
Por eso, Dios y los bienaventurados con libertad plena, quieren el bien y no pueden querer el mal.
Los infieles no realizan ninguna obra buena. En efecto, la primera gracia que Dios nos da es la de la fe, que es la única que permite enderezar las propias acciones hacia el último fin, hacia Dios que se manifiesta como Padre. Los pecadores, que tienen fe, pueden bajo la acción de la gracia realizar alguna obra por amor de Dios, pero no por ello quedan justificados, hasta que este amor de Dios no llega a superar el amor terreno.
LAS CONDENACIONES DEL JANSENISMO
La Iglesia enseña que en el hombre, incluso después del pecado original, permanece de suyo una posibilidad activa de evitar el mal y elegir el bien.
Un acto es pecaminoso solamente cuando procede de una voluntad internamente libre para escoger entre el bien y el mal.
También en el pecador quedan huellas de la imagen de Dios, que el pecado no logra borrar por completo. Por consiguiente, entre el amor divino que lleva a la salvación y el amor humano que es causa de condenación, puede haber también un amor humano lícito, que no tiene porque ser reprobado.
Según la enseñanza constante de la Iglesia, los niños bautizados antes del uso de razón están justificados, a pesar de que son incapaces de aceptar personalmente la gracia; sin embargo, su justicia no tiene aquella perfección que alcanzará más adelante cuando lleguen al uso de razón y acepten personalmente el amor del Padre como norma de sus vidas.
Esta doctrina sobre la necesidad de la penetración para la justificación permite comprender la importancia que en ella tiene la fe, permite comprender como Dios al elevar al hombre al estado de hijo suyo, quiere que el hombre acepte conscientemente esta elevación, más aún, que sea en cierto modo su artífice. Esta doctrina permite comprender además cómo el influjo de la gracia no disminuye sino que por el contrario realiza plenamente esta dignidad: la gracia de Dios.