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CAPITULO XII

LA DIVISIÓN DEL HOMBRE COMO PECADO

La división del hombre podría parecer solamente un hecho digno de compasión. Pero, según la fe de la Iglesia, es también un “pecado”.

EXISTENCIA DEL PECADO ORIGINAL

La fe de la Iglesia en el “pecado original originado”, es decir, el estado en que se encuentra cada uno de los hombres antes del bautismo, presenta un caso típico de desarrollo dogmático. 

Fundamento bíblico

En el Antiguo Testamento se habla de cierta impureza del hombre, que no consiste solamente en los pecados personales, ya que precede a esos pecados y en parte los excusa, ni es solamente una impureza ritual externa, pues es algo que desagrada a Dios porque mancha al hombre en su interioridad inclinándolo al pecado.

El  texto clásico al que hace referencia la Iglesia para fundamentar su doctrina sobre el pecado original es el de Rom 5, 12-21, San Pablo describe el estado de la humanidad, causado por el pecado de Adán, del que nos libera Jesucristo. En dicho texto se utilizan tres categorías:

religiosa; el primer pecado causa todos los demás, sin quitar la responsabilidad individual, el primer pecado corrompe a la multitud, biológica; la muerte corporal, muerte espiritual y la muerte eterna, la muerte biológica es causada por la muerte espiritual, producida por el pecado, y la muerte espiritual tiene su maduración en la muerte eterna jurídica; juicio, condenación, como consecuencia del pecado de uno solo, la humanidad está bajo juicio y está destinado a la condenación.

La objeción dogmática que suele hacerse contra esta interpretación es que en ella no aparece la afirmación del “pecado original originado”, existente en cada uno de los hombres por culpa de Adán, antecedentemente a sus pecados personales.

El desarrollo patrístico

Los escritores cristianos de los tres primeros siglos reconocen que la humanidad se ve oprimida por una corrupción hereditaria –diferente de su estado primitivo-, que proviene de la desobediencia de Adán y que arrastra a la humanidad a multiplicar los pecados y a sufrir la muerte eterna. Se comienza a preparar la concepción de estado de corrupción hereditaria bajo la categoría de “pecado”, en cuanto que Cristo, liberador de la humanidad, se describe como aquél que salva a todos, perdonando los pecados.

La Iglesia del siglo II estaba convencida de que los niños tenían necesidad de ser purificados y liberados de la esclavitud de Satanás.


San Agustín tuvo una parte principal en la evolución del dogma del pecado original, ya que fue el primero que llamó explícitamente “pecado” a la condición del hombre no unido a Cristo. El que no admita la necesidad de la gracia para la salvación, ni por tanto, del pecado original, Cristo seguirá siendo un maestro, un ideal que seguir, un legislador, pero no será el salvador y el redentor universal del que nadie puede prescindir.

DESCRIPCIÓN DEL PECADO ORIGINAL

La teología positiva demuestra que la Iglesia considera la condición en que nacen actualmente todos los hombres como pecado, y por eso juzga necesario que todos sean bautizados para la remisión del pecado que no han cometido pero que está en cada uno.  Para comprender esta afirmación recogemos de la predicación de la Iglesia una descripción de la condición innata del hombre.

En el fenómeno, llamado por la Iglesia “pecado original”, es preciso distinguir tres aspectos:


El aspecto óntico del pecado original, es un modo de ser del hombre independientemente de sus opciones libres.

El primer aspecto del pecado original se descubre considerando que, según la predicación constante de la Iglesia, este pecado existe en los niños antes de todo acto libre. Se pone claramente de relieve que el pecado original no es un pecado personal, ni siquiera muy atenuado. El pecado original se encuentra en el plano entitativo de las realidades existentes, anteriores a las opciones personales, es decir este pecado pertenece a lo que se suele llamar “naturaleza”.

El pecado original existe en el niño, pero queda suprimido por el bautismo, que nos incorpora a Cristo y nos ordena a la vida eterna. El pecado original es quitado por el bautismo, pero la concupiscencia permanece en los renacidos, aun cuando sea vencida por la caridad.

El aspecto histórico y comunitario del pecado original es la dependencia del pecado personal cometido en la comunidad humana, por el que se hace inteligible la existencia y el desorden de la división que el hombre experimenta
El recurso  al pecado personal de Adán tiene una doble función, etiológica y axiológica.

El pecado de Adán contiene la explicación etiológica de la falta de la gracia. Toda la humanidad se ha visto privada de la gracia, por un pecado cometido al principio de la historia. El primer pecado causó la muerte espiritual de todos los demás hombres.


El recurso al primer pecado contiene una justificación axiológica de la aplicación del término “pecado” a la privación de la gracia.


Cuando cometió un pecado al comienzo de la historia aquél que fue capaz de tomar una postura libre frente a Dios, por este hecho toda la humanidad empezó a negarse a realizar en sí misma la imagen comunitaria para la que había sido creada.      

El aspecto personalista del pecado original o la tendencia a cometer libremente actos malos, por la cual la corrupción de la condición humana no existe solamente como consecuencia de un acto de la voluntad ajena, sino que existe en la voluntad misma del que la contrae, y de esta manera entra en la esfera de la moralidad, y puede llamarse “pecado”.

El término “pecado” que formalmente designa el estado del que ha obrado libremente en contra de su propia conciencia, puede ser utilizado también para designar la condición innata de todos los hombres, en sentido analógico.


ESENCIA DEL PECADO ORIGINAL

La esencia del pecado original consiste en la interdependencia recíproca de los tres aspectos. Es un desorden existente en la voluntad, precede a toda opción libre, y resulta inteligible si no se relaciona con un pecado cometido en la comunidad humana.

Actos pecaminosos y opción fundamental

La afirmación de que el hombre no puede evitar por largo tiempo los pecados personales lleva consigo a una compleja problemática.

El pecado es una acción en contra de las exigencias de la propia conciencia, una ruptura de las relaciones amigables y filiales con Dios.

La opción fundamental


Es el acto con que el hombre escoge para sí su última norma y fin. La persona se adhiere incondicionalmente a un determinado valor, y lo considera como norma de su obrar.  El hombre a través de ella finaliza su propia vida según la norma escogida, y construye de esta manera su propia personalidad moral.

El teólogo distingue dos formas principales de opción fundamental: la orientación de aquél que ha escogido a Dios como fin y norma de toda su vida, y la orientación de aquél que se ha negado a optar por Dios, polarizando su propia vida como valor absoluto, en torno al propio yo, individual o colectivo, o bien, rechazando toda norma y cediendo a todo impulso espontáneo.
La noción de opción fundamental es fruto de una observación psicológica, que se ha desarrollado en el contexto de la filosofía existencialista.

La opción fundamental por Dios y las elecciones particulares


La opción fundamental por Dios es un acto de amor, por el que Dios es amado sobre todas las cosas por sí mismo. El amor a Dios no puede ser más que absoluto e incondicionado. La opción por Dios determina el papel que el hombre desempeña en relación con todo el universo: Dios es amor.

Si el hombre realiza con plena deliberación, un acto que él mismo sabe que está en oposición con la opción fundamental por Dios, con ese acto suprime dicha opción (pecado mortal).

La opción fundamental por Dios y la vida moral
La trasgresión de la voluntad de Dios, fruto de una opción fundamental mala es un verdadero pecado por dos razones:


Todas y cada una de las transgresiones son por lo menos voluntarias en su causa y; cuando el hombre traspasa la voluntad de Dios considerándose a sí mismo como norma suprema, ratifica y en cierto modo perfecciona su opción en contra de Dios.

La opción fundamental por Dios y la gracia

El hombre mientras no esté incorporado a Cristo, recibiendo de este modo la gracia santificante, no puede optar por Dios. El hombre en estado de pecado original no puede permanecer largo tiempo sin pecados personales.

La imposibilidad de optar por Dios sin la gracia resulta comprensible si nos damos cuenta de que la opción fundamental no es un acto cualquiera entre los muchos que el sujeto tiene. Es la elección de una forma de vida, por la cual el hombre se construye a sí mismo para ser de una nueva manera, la opción por Dios lleva consigo una nueva forma, en cuanto que el hombre se da, se compromete por Dios. El hombre al optar por Dios acepta un papel, que unifica todos los aspectos de su vida, polarizándolos en torno a Dios, aceptado como Señor absoluto de la propia existencia.

Donde falta la comunión real o no es conocida e incluso experimentada como tal, al faltar el ambiente apropiado para el diálogo, provoca no ya la aceptación, sino la incomprensión e incluso el rechazo violento, esa es la condición innata del hombre sin Cristo delante de Dios.

La definición del pecado original

Es la alienación dialogal con Dios, esto es, la incapacidad de amar a Dios sobre todas las cosas, dependiente de un pecado cometido al comienzo de la historia y solidario con los demás pecados del mundo.


Tres aspectos esenciales:

1. Ausencia de la gracia
2. Dependencia del primer pecado
3. Imposibilidad de optar por Dios.


La Iglesia al llamar pecado a esta alienación, llama la atención sobre la analogía existente entre esta condición y el estado que sigue al acto pecaminoso personal; habiendo una verdadera analogía, está justificada la terminología que empezó a usarse en tiempos de san Agustín. Pero dado que entre el pecado personal y el pecado original hay solamente una analogía, no podemos desaprobar la actitud de quienes, para evitar el malentendido de una univocidad, proponen un cambio de terminología.

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