CAPITULO XI
LA CAUSA DE LA DIVISIÓN
La actual miseria humana es explicada por la fe mediante el pecado, que ha perturbado el orden del mundo, creado bueno por Dios. Los males del hombre y su inclinación al mal no pueden tener origen en su santo creador:
Tres etiologías (estudio de las causas) paralelas, de los orígenes del mal:
1. El pecado de Adán.
2. El matrimonio de los hijos de Dios.
3. La difusión progresiva del pecado.
Intención etiológica del Génesis, se puede observar:
1. La oposición marcada entre las condiciones que preceden al pecado y las que la siguen.
2. La muerte como consecuencia del pecado, experimentan la muerte los que se ponen de parte del diablo y quedan excluidos de la vida perpetua de los justos.
3. Relación entre el pecado y el despertar de los instintos desordenados que hacen perder al hombre su sencillez en el trato con Dios y los demás.
4. Exalta la bondad del mundo creado por Dios y especialmente la del hombre.
En el Nuevo Testamento, los males de la humanidad (muerte, concupiscencia) son consecuencia del pecado humano.
Los hombres (según San Pablo) han caído en el reino del pecado, de la muerte y la condenación a causa de un pecado cometido por un hombre; y se han salvado por la eficacia redentora de un acto único de obediencia realizado por Cristo.
Desarrollo dogmático:
1. San Agustín: el pecado de la humanidad es la causa de todos los males que hoy la oprimen.
2. Concilio cartaginense (418 ): el hombre se ha hecho mortal por el pecado.
3. Concilio de Orange (529 ): la muerte ha sido introducida en el mundo por el pecado de Adán, y por este pecado ha quedado herida la libertad humana y el hombre se ha hecho esclavo del pecado.
4. Concilio Tridentino (1546): el fenómeno humano no resulta perfectamente comprensible sin relación con el pecado, que modificó la condición humana.
El pecado del mundo y el primer pecado
La situación de cualquier hombre está sometida a la influencia de todos los pecados cometidos en el ambiente en que está situado. Todos los pecados están unidos de alguna manera entre sí, porque un pecado provoca la imitación y porque suscita una reacción igualmente pecaminosa.
El pecado del mundo es una fuerza que reina, que inclina a los hombres a multiplicar los pecados y que les impide construir una verdadera existencia humana. Son todos los pecados cometidos por la humanidad en el pasado y en el presente, y es precisamente este mal que Jesucristo ha venido a quitar.
El primer pecado produjo un cambio cualitativo en la humanidad. Después de millones de años en que la evolución iba avanzando hacia el fin querido por Dios, se realiza por primera vez un mal catastrófico, cuando la criatura preparada por la evolución anterior, se niega a colaborar con el creador.
El Concilio Vaticano II explica la condición actual de la humanidad como resultado del pecado original y del pecado del mundo.
Estado de justicia original es la condición de la humanidad anterior al primer pecado, en el que Adán poseía los dones de justicia, santidad e integridad, es decir, la inmunidad de la concupiscencia y la inmortalidad, que transmitiría a sus sucesores. Existió pues, una perfección virtual en el hombre que se perdió, o se dañó de tal forma por una situación que ya no pueda darse.
Incapacidad para cumplir la voluntad de Dios derivada de la ausencia de la gracia santificante. El estado de “justicia y santidad” se perdió por el pecado de Adán. Nadie tiene la gracia santificante si no está unido a Cristo, o sea que uno está debidamente orientado a Dios y a la salvación, acepta la llamada de Dios y la traduce en la propia vida.