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CAPITULO VI

LA IMAGEN DE DIOS SUJETO ENCARNADO

La imagen de Dios resplandece en el hombre, por el hecho de ser el hombre una persona. Por estar dotado de una especial inmanenencia (inherente al ser) y trascendencia y ser capas de constituir su propia existencia a través de la historia. Esto es lo que distingue al hombre y lo hace diferente en el mundo material al cual pertenece en el que lo limita el espacio y el tiempo, sin embargo es imagen de Dios.

El hombre en la Sagrada Escritura aparece como criatura concreta, una en si misma, diferente de los animales y de los ángeles. Esta unidad concreta se define con diversos vocablos (en hebreo y griego) que revelan diversos aspectos del sujeto como individuo que forma parte del mundo material, que es efímero y caduco, sujeto de una  vida espontánea, que piensa, ama, quiere y se siente atraído por Dios para atraer y escuchar su voz, su llamado.

El fenómeno humano es complejo y pone de manifiesto 2 aspectos diversos que no se han analizado por la metafísica


La pertenencia al mundo material


La superioridad sobre ese mundo como resultado de una semejanza especial con Dios
pero aparecen en el Génesis y otros libros de la Biblia, al describir el origen del hombre o la muerte. Ej.  “Y formó Yahvé Dios al hombre del polvo de la tierra e insufló en sus narices aliento de vida, de modo que el hombre vino a ser alma viviente”(Gen 2,7). Por lo que se debe evitar dar un significado conceptual ya que tienen un sentido metafórico.


Las enseñanzas morales que distinguen en el hombre dos tendencias contrarias y sus respectivas localizaciones en el cuerpo y en el alma afirman la complejidad no analizada de la realidad humana. “¡Desdichado de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo mortal? ¡Gracias a Dios por Jesucristo nuestro Señor! (Rom 7, 24). “Porque la carne desea en contra del espíritu y el espíritu en contra de la carne, siendo cosa opuestas entre sí a fin de que no hagáis cuanto querrías” (Gál 5, 17). Donde la carne no es el cuerpo, sino la criatura humana en oposición al espíritu divino vivificador. El yo humano sigue viviendo junto a Dios, incluso después de la disolución del cadáver, la entera realidad humana es bendecida por Dios “El mismo Dios de la paz os santifique plenamente; y vuestro espíritu, vuestra alma y vuestro cuerpo sean conservados sin mancha para la Parusía de Nuestro Señor Jesucristo. Fiel es El que os llama” (Tes 5,23).


La escritura afirma siempre la presencia de 2 aspectos en el hombre:

  • Ser corporal – en correspondencia con el proyecto divino es un ser corpóreo, es una condición connatural del hombre.

  • Yo encarnado – en donde la  corporeidad esencial del hombre es la que aparece en la promesa de la resurrección, al término de la historia.


La escritura ve en el hombre a un ser concreto que aún siendo material, es imagen de Dios como no lo es ningún otro ser material, pero no dice que hace posible esa diversidad en la semejanza con Dios.

EL COMPUESTO HUMANO SEGÚN LOS PADRES

La especulación patrística sobre el hombre es el resultado del encuentro entre el mensaje bíblico y antropología helenística. En el helenismo hay varios principios de operación, concebidos estáticamente como sustancias de naturaleza distinta:
                    1.- Espíritu
                    2.- Alma
                    3.- Cuerpo


Estas creencias se inclinaban a establecer una jerarquía de valores: el espíritu parecía ser una especie de emanación del absoluto , mientras el cuerpo sería el principio de la limitación e incluso del mal. El hombre era por tanto un compuesto de estas sustancias que se compenetran de forma misteriosa.

Los Padres (los primeros 4 siglos) introducen:

La unidad del hombre: miembro de Cristo no solo es el alma, sino todo el en su unidad concreta psicofísica.
Rechazan enérgicamente toda tendencia monístico dualista: el espíritu humano no es emanación de la divinidad; el cuerpo es obra de Dios, ha sido asumido por el Verbo y espera después de la muerte unirse al espíritu en forma gloriosa.


Adoptan la concepción de que el alma y el cuerpo son dos substancias y el hombre por lo tanto un compuesto.Pero al tratar de explicar la unión entre el alma y el cuerpo vacilan. Hay aversión contra la teoría de Aristóteles: “el alma es la forma o acto primero del cuerpo orgánico”, y prefieren la teoría de Platón “el alma es una substancia creada, viviente, intelectual e inmortal unida al cuerpo orgánico, animado ya por un alma sensitiva y vegetativa.

Posteriormente en el siglo IV, al profundizar los Padres y querer afirmar la verdadera humanidad de Cristo, observaron que el hombre es carne animada por un alma racional. En el llamado “símbolo atanaciano” se dice que Cristo es hombre perfecto , resultante del alma racional y de la carne humana: “igual que el alma racional y la carne es un solo hombre, así Dios y el hombre es un solo Cristo”.

Para interpretar las afirmaciones patrísticas sobre la espiritualidad del alma humana hay que tomar en cuenta que hata el S XII se creía que los ángeles tenían un cuerpo sutil etéreo o ígneo. No había una distinción entre “materialidad” en sentido físico y en sentido metafísico o sea entre substancia extensa sensible y potencialidad (capacidad de recibir un acto) y contingencia.


- Sustancia - aquello cosa a cuya naturaleza conviene no ser en otra.
- Simple – subsite por si misma es inmaterial.
- Compuesta – por materia y forma (tiene ser y esencia).

Por lo que afirmaban que solo Dios era inmaterial.

DOCTRINA DEL MAGISTERIO

Con Santo Tomás a fines del SXIII, la teología escolástica elabora una doctrina sobre el compuesto humano: el hombre es una unidad que obra de manera espiritual y material, por lo tanto a la ves es ser espiritual y material.


El alma espiritual recibe su realidad concreta por el hecho de “informar”, de actuar y vivificar a la materia de la que tiene necesidad para sus operaciones. La materia se concibe como “materia prima” que recibe del alma la existencia y todas sus determinaciones esenciales (es pura potencia pasiva o capacidad de acto). El hilemorfismo aristotélico (compuesto de materia “hile” prima y forma “morfé” sustancial) se utiliza para explicar la estructura específica del fenómeno humano, pero está modificado a la luz de la fe en la resurrección. (La materia prima la conocemos porque singulariza la forma y la multiplica, la forma sustancial es un acto, el ente posee un modo de ser que se capta).

El Concilio Lateranense IV (1215) enseña que también que las cosas materiales han sido creadas por Dios. No todos los teólogos aceptaron el hilemorfismo sobre todo en lo relacionado con la unicidad de la forma sustancial del hombre.

En el Concilio Lateranense V (1513) define la inmortalidad del alma y afirma que cada uno de los hombres tiene su propia alma numéricamente distinta de la de los demás y que es “verdaderamente, por si misma y esencialmente, forma del cuerpo humano” como se afirmaba en el Concilio de Vienne en 1312 y el Concilio Vaticano I repite la fórmula.

El Concilio Vaticano II, expone la doctrina tradicional sobre la constitución y la dignidad del hombre. Considera la unidad del hombre concreto que tiene una “condición corporal” propia y una “interioridad” propia:


- Por la “condición corpórea” el hombre es una síntesis del universo material.
- Por su “interioridad” es superior al universo entero.

Por tanto el hombre no debe despreciar la vida corporal, sino por el contrario, debe tener por bueno y honrar a su propio cuerpo como criatura de Dios que ha de resucitar en el último día.
Pero el hombre no solo es “cuerpo”, sino que trasciende en virtud de su inteligencia y libertad “cuando entra dentro de su corazón donde Dios le aguarda, escrutador de los corazones”. Por lo que el Concilio conduce al hombre a afirmar en sí mismo la espiritualidad ye inmortalidad de su alma.


LA HERMENEUTICA

Es importante evitar los malos entendidos. El valor dogmático de la doctrina sobre el compuesto humano no depende de si la doctrina que se expresa esta o no contenida en la Biblia, sino si la Iglesia ha querido pronunciarse o no sobre la relación de dicha doctrina con el mensaje revelado. 
Hay una diferencia entre:


+ Afirmar – apelar al consentimiento de los demás.
+ Decir – utilizar unos aciertos para explicar una cosa, aunque no se garantice siempre la verdad.


En el Concilio Lateranense IV se afirma que todas las cosas han sido creadas por Dios: las criaturas, la materia, el espíritu y la realidad compuesta.

En el Concilio de Vienne se enseña que el alma racional está unida al cuerpo no sólo de forma mediata.

Por lo que la doctrina de la composición del hombre de alma como forma y de cuerpo como materia es una doctrina “segura” ya que al afirmarla no se pone en peligro la fe.

Estos principios de hermenéutica se aplicaron en el Concilio Vaticano I, al definir la unidad del alma racional del hombre “si alguno quisiese afirmar que en el hombre, además del alma racional hay otra alma que como forma subordinada dispone al cuerpo para recibir al alma racional, no sería hereje, su opinión podría decirse solamente errónea, pero no herética.

Pío XI explica del mismo modo la definición del Concilio de Vienne.


UNIDAD DEL HOMBRE EN LA TEOLOGIA CONTEMPORÁNEA


Esta determinada por:

La explicación de la unión cuerpo-alma como materia-forma (concepción hilemórfica) a no ser en el caso del hombre no sirven para dar una verdadera explicación sobre la unión espíritu-materia.
Para comprender la afirmación de que cuerpo y alma están unidos como forma y materia, no queda más remedio que desempolvar un sistema universal para aplicarlo exclusivamente al hombre. Pero esto no facilita la comprensión del fenómeno humano como aparece en la revelación. Por lo que la teología prefiere tomar como punto de partida un dato de la experiencia inmediata de la acción humana que puede describirse : como un proceso bioquímico y como un proceso psicológico los cuales constituyen dos aspectos del mismo proceso (no dos procesos distintos).

Tomando como base esta concepción se puede definir al hombre como un “yo” que tiene inevitablemente una  “Espiritualidad”, que existe en la autocomunicación a la materialidad.
Esta noción de hombre corresponde a la idea que tiene la revelación bíblica y que ha sido repetida por el magisterio y que tiene la intención de mantener la unidad del hombre en la dualidad de sus aspectos.

Al decir que el hombre es un ser espiritual y corporal, se puede afirmar que el hombre tiene alma y cuerpo, sin embargo para explicar la imagen bíblica del hombre que implica al mismo tiempo unidad y dualidad en la reflexión teológica se prefiere utilizar la expresión “el hombre es un sujeto encarnado”. Pues existen sujetos que no son corporales y cuerpos que no son sujetos. Dios es un sujeto que manifiesta su imagen de Dios en su corporeidad.

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