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CAPITULO IV 

El tema de la imagen

Temas de la imagen en la Sagrada Escritura

Antiguo Testamento - El hombre esta en la cima del mundo material, nos dice el Génesis.


La creación del hombre está colocada al final de la creación del mundo material; dado que las diversas etapas de la cosmogonía genesíaca presentan a seres cada vez más perfectos.


En segundo lugar, el hombre es el único ser a quien Dios puede tratar de “tú”, darle preceptos, haciendo depender de su observancia la permanencia de la humanidad en el Edén y cuya inobservancia es castigada. La imagen de Dios, por consiguiente, parece indicar a un ser capaz de dialogar con Dios.


Finalmente la imagen de Dios designa un papel especial de la humanidad en relación con el mundo material. El hombre ha sido colocado en el universo, como cooperador y lugarteniente de Dios. El hombre tiene que trabajar cooperando con Dios, para que la perfección del mundo se complete y sea custodiada.


Nuevo Testamento – Para Pablo la imagen de Dios en el hombre significa generalmente aquella semejanza con Dios que Cristo restaura en el hombre unido a él por la fe y el bautismo; esta imagen aumenta por medio de la vida vivida en unión con Cristo y llega a su plenitud definitiva con la salvación escatológica.

Desarrollo ulterior del tema de la imagen


Los Padres – Explican la imagen de Dios en el hombre como una semejanza con Dios propia del hombre, que ha sido impresa por Dios y que hace a Dios dinámicamente presente en el hombre.


El tema de la imagen en Santo Tomás – El hombre solamente ha sido “hecho a imagen de Dios”, mientras que el hijo es la imagen del Padre por participar de su misma naturaleza. La imagen de Dios se encuentra en el alma del hombre; en el cuerpo se tiene solamente un reflejo de la perfección espiritual del alma. La imagen de Dios existe en toda persona humana. Su perfección aumenta cuando las facultades superiores del hombre no están solamente en potencia, y más todavía cuando el hombre conoce y ama a Dios y a las demás cosas en relación con Dios.


La imagen se más perfecta por la gracia y perfectísima por la gloria.


Santo Tomás establece 3 maneras de estar impresa la imagen de Dios en el hombre:

1º. Se tiene por el hecho de ser hombre capaz naturalmente de amar y conocer a Dios. Se encuentra en todos los hombres.


2º. En cuanto que el hombre habitual o actualmente conoce ama a Dios por la gracia con la imperfección que es propia del estado de “vía”. Se encuentra en los justos.


3º. Se realiza en cuanto que el hombre conoce y ama a Dios perfectamente en la gloria. Se encuentra en los bienaventurados.

Aspectos Contemporáneos del Tema de la Imagen –


Concilio Vaticano II – La imagen de Dios está en el hombre, en cuanto que el hombre ha sido creado por Dios “con capacidad para conocer y amar a su creador y que por Diosa sido constituido señor de la eterna creación visible para gobernarla y usarla glorificando a Dios. Esta imagen se encuentra de algún modo en cada uno de los hombres y por eso mismo todos tienen la misma dignidad y tienen que ser tratados con igual amor.


La perspectiva ecuménica – La imagen de Dios en el hombre abraza el conjunto de todos los dones, naturales y sobrenaturales, comunicados al hombre en su nacimiento como un germen, esto es “esencia humana unida a una existencia gratuitamente dada de la gracia santificante”.


El tema de la imagen y la secularización – Por la propia naturaleza de la creación todas las cosas están dotadas de consistencia, verdad y bondad propias y de un propio orden regulado que el hombre debe “respetar, descubrir, emplear y ordenar.”

El ideal cristiano exige al creyente que tanto si come como si bebe o hace cualquier cosa, lo haga todo por la gloria de Dios. El alma de la vida cristiana debería ser la aceptación del amor con el que Dios, complaciéndose en su propia bondad, quiere también realizarla en el universo.


Imagen de Dios y personalismo – La persona tiene un modo de ser distinto de todos los demás seres materiales, que conciente y dueño de sí mismo se va construyendo progresivamente en un horizonte de libertad, comprometiéndose frente a valores y entrando en diálogo con otras personas, especialmente con Dios. El hombre puede darse a sí mismo la “forma de vida” de esclavo de sus impulsos o de buscador de provecho, del capricho, del éxito, del poder, de la simpatía, etc. Según la fe cristiana solo hay una posibilidad de obtener ese resultado: la orientación hacia lo absoluto. Cuando el hombre es llamado imagen de Dios, se quiere decir que no puede entrar construirse sin entrar en coloquio con Dios captando la invitación revelada y sin dedicarse a actuar en el mundo según el designio divino que le hace en realidad su lugarteniente.


La afirmación de que el hombre es imagen de Dios, se aplica no sólo a cada hombre sino también a todo el género humano considerado como una sola persona corporativa en la que se refleja la perfección divina, captada por cada individuo según un aspecto particular y a la cual se dirige la vocación divina de dominar y someter la naturaleza material.

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