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CAPITULO I


La Condición Creada del hombre en el Antiguo Testamento

Origen de la fe en la creación

Casi todos los pueblos tienen en su tradición religiosa narraciones cosmológicas. Especialmente se encontraban mitos semejantes en las civilizaciones que rodeaban a Israel. No hay duda de que también Israel poseyó desde los tiempos más antiguos narraciones de este género.

El núcleo esencial de la religión de Israel consistía realmente en una total entrega al Dios de la alianza, fiel a sus promesas. Para que semejante entrega pudiese realizarse auténticamente y pareciese razonable, en una etapa de vida dedicada todavía al nomadismo, era suficiente pensar en Dios como guía en los viajes y en las batallas.

Israel, tras haber ocupado la tierra prometida, empieza un estilo de vida agrícola, fue necesario que reconociera a Dios como Señor de la vegetación, de los tiempos y las estaciones, más aún de toda la naturaleza.

La descripción que hace el Génesis de la creación está desde el principio orientada hacia el hombre. Toda la cosmogénesis tiene la función de preparar la narración de la historia humana. Además, el hombre no es considerado como arrojado en un universo que le fuera extraño, sino más bien como el vértice del universo creado por Dios, al que están ordenadas todas las demás cosas.

Dios que por sí solo ha hecho de manera misteriosa todas las cosas, llevará a cabo, a pesar de todo, su designo de salvación a favor de sus fieles.

La afirmación revelada, contenida en las descripciones del Antiguo Testamento, que está exigiendo nuestra fe, es por tanto la siguiente: el hombre y su mundo dependen en último análisis, total y exclusivamente, en el devenir, en el ser y en el obrar, de Dios, como de su propio autor.

La Fe Cristiana en la Creación

Por la fe sabemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de manera que lo que se ve resultase de lo que no aparece. Esta doctrina ha sido desarrollada en dos sentidos:

a) El pueblo de Israel ya no es el centro de la creación, sino Cristo y sus discípulos.
b) El Nuevo Testamento añade que tiene Cristo en la creación (ver cap. 2).

La Teología de la Creación en la Actualidad

La definición de la creación

El concilio Vaticano I describe la creación como una producción de todas las cosas de la nada, según toda su substancia. La expresión de la nada, que se encuentra ya en el Lateranense IV (D 800) y que es de origen bíblico (2 Mac 7,28), ha sido explicada por la filosofía escolástica: la –nada- no tiene que concebirse como un principio distinto del creador, o lo que es lo mismo, la eficacia exclusiva de la acción divina.

Santo Tomás consideraba que el comienzo del mundo no es un postulado de la idea de la creación; en efecto, solamente la causalidad eficiente de la criatura está ligada a un instante determinado; pero, al ser la creación esencialmente una dependencia total del universo de Dios, no se ve por qué ha de haber tenido un comienzo esta dependencia.

Santo Tomás pensaba, sin embargo, que el comienzo temporal del mundo es un artículo de fe, por estar revelado en la Escritura. Semejante interpretación de la Escritura no es del todo cierta. Puede realmente pensarse que la afirmación de un primer instante del universo creado pertenece al esquema simbólico-dramático, o sea  -mítico-, de la presentación de la total dependencia del universo de Dios.

El concilio Lateranense IV (D 800) y el concilio Vaticano I (D 3002) afirman que le mundo ha sido creado al comienzo del tiempo, eso es, que ha tenido un primer instante de su existencia. La creación de la temporalidad, es también, dogma de Fe.

El hombre es criatura, no porque descienda de una persona producida directamente por Dios o, al menos, por que esté compuesto de elementos creados por Dios, sino porque su ser y su obrar es producido constantemente por la operación trascendental de Dios.

La creación en el Vaticano II

El concilio Vaticano II considera el misterio de la creación sobre todo dentro de la perspectiva del cumplimiento futuro de la obra divina, pues –lo que Dios quiere es hacer de todo el mundo una nueva creación en Cristo, incoativamente aquí en la tierra, plenamente en el último día.

El hombre, por consiguiente, está llamado a –cooperar al perfeccionamiento de la creación divina.

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