El cuerpo humano es sexuado
La sexualidad es una inclinación esencial de la dimensión corpórea de la naturaleza viviente; la sexualidad humana no altera esa sexualidad, sino que la asume y la enriquece con unas virtualidades de orden superior. La sexualidad es dimensión de la entera persona; no afecta sólo al cuerpo ni se limita a localizarse en determinados órganos, ni se ciñe a unas funciones concretas. Negar esto es equiparar la sexualidad humana a la sexualidad de los animales, en los que afecta principalmente a sus organismos y tiene su sentido en la reproducción.
La diferenciación biológica entre hombre y mujer, que se muestra en el carácter constitutivo de las diferencias sexuales; los denominamos caracteres primarios y secundarios de la biosexualidad. Así mismo es incorrecto referirse a un varón como un simple macho y a una mujer como una simple hembra, incluso aunque a nivel coloquial se emplee este lenguaje. Decir varón es más que decir macho, decir mujer es más que señalar hembra. Cuando decimos que alguien es una mujer mostramos que estamos ante una persona femenina, del mismo modo que en el caso del hombre es una persona masculina.
Las diferencias psíquicas de la masculinidad y la feminidad son una prolongación en el orden cognoscitivo y emocional de la biosexualidad; se manifiestan en el sentido amoroso de la inclinación al sexo complementario, y en la trascendencia individual y social derivada del respeto o del desprecio a esta diferenciación sexual y a este significado amoroso del sexo.
La relación directa entre las diferencias psicosexuales y biosexuales, se debe a que el cuerpo humano, está sexuado en la totalidad de sus estructuras y funciones a todos los niveles: desde la célula más simple a la cerebral, desde el sistema endocrino a los genitales internos y externos y a la figura corporal; el enraizamiento de los psicosexual en lo biológico es una evidencia común, actualmente fundamentada por la diferencia existente en el cuerpo calloso en el hombre y en la mujer.
El cuerpo calloso es el conjunto de nervios que comunica el hemisferio cerebral derecho –emocional – con el izquierdo –racional--; en su parte posterior es 23 veces más grande en la mujer que en el hombre, aunque no contenga más neuronas en uno que en otro. Esto ocasiona que la mujer sea más intuitiva porque suma de modo espontáneo la enocionalidad del cerebro derecho a la racionalidad del izquierdo; y que el hombre sea más abstracto, porque pone menos en juego las emociones en los asuntos racionales; por tanto, aunque es indudable la influencia del cerebro en las experiencias acumulables durante la vida, no se debe obviar que esas experiencias inciden sobre unas diferentes predisposiciones cerebrales, que responden a causas biológicas.
Los términos varón y mujer comprenden en cada caso dos elementos: ser persona, por un lado, y la modalización sexual de la persona por otro, y que por el hecho de ser persona humana ineludiblemente se es varón o mujer, se es persona masculina o femenina.
La masculinidad y feminidad son dos modos de ser persona, distintos y complementarios que afectan constitutivamente y esencialmente a las dos dimensiones biofísica y psíquica de su corporiedad; no son roles culturales, sino un modo específico, en algunos campos similares, pero no en todos, de ser, de pensar, de sentir y de actuar. Es factible que la distribución de los roles sociales cambie, pero lo que no puede pretenderse es lo que los varones y las mujeres realicen esas funciones desde su propia corporiedad.