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CAPITULO XXI

DIMENISION COSMICA DE LA VIDA EN CRISTO


Los cristianos nos hemos convertido en primicia del mundo venidero. Esto significa solamente que el cristiano no tiene que conformarse con la manera de pensar y de vivir este mundo, colocado bajo la señal del pecado, sino que tiene que portarse como forastero peregrino aquí abajo.


La verdad es que en el mundo está presente el pecado, a causa del cual la vida comunitaria “sufre con frecuencia desviaciones contraria a su debida ordenación”. El cristiano no puede ser solidario del mundo, ya que el mundo rechaza la vocación divina y está señalado por el pecado. En el mundo obra no solamente el Espíritu de Dios, sino también el misterio de la iniquidad. Por eso, el cristiano tiene que examinarlo todo de vez en cuando, para conservar únicamente lo que es bueno.


La huida de este mundo nos dice en los escritos de Pablo que se profundiza en el trasfondo teórico de esta actitud. La perfección no consiste en la huida y el cristiano no puede ni debe salir de este mundo. Todo es puro y por eso no hay que prohibir ni el matrimonio, no la comida; hay que servirse de los bienes de la tierra, bendiciendo a Dios. Pero los que quieran enriquecerse caen en la tentación, en el lazo y en muchas codicias insensatas y perniciosas que hunden al hombre en la ruina y en la perdición.


La construcción de la ciudad terrena: Podemos poner de relieve la relación intrínseca entre la vida en cristo y la colaboración por el progreso técnico y cultural del mundo, partiendo de tres puntos de vista:

1) El amor al prójimo; El que da de comer al hambriento, viste al desnudo, etc., ayuda al mismo Jesucristo. Pero si es posible darles de comer a los hambrientos y vestir a los desnudos aumentando y perfeccionando la producción, no se ve por qué semejante actividad técnica no pueda dirigirse al servicio de Cristo, que se identifica con los hombres que tienen necesidad de todas esas cosas.

2) La adhesión al creador; Dios ama a todos los seres y no aborrece nada de cuanto a ha hecho: el Señor, que ama la vida, se complace en todas las cosas, porque son suyas. Esta complacencia divina se hace más comprensible si recordamos que la creación no es un hecho realizado una vez para siempre: Dios continua obrando, y enviando desde el cielo la lluvia y las estaciones fructíferas, y abundancia de alimentos y alegrías para nuestros corazones.

3) La imagen de Dios: Nos dice que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios para que sigamos en la construcción de la ciudad terrena, nos concede sin embargo fuerzas para explotar nuestros propios talentos, no para que nos sirvamos de los demás, sino para servirles a ellos.

La unidad del papel cósmico del cristiano:

La constitución Gaudium et spes es una expresión sintomática de la situación actual del pensamiento cristiano a este propósito sin pretender resolver todos los problemas, este documento conciliar delimita las cuestiones, recoge los principios y determina de este modo un punto de partida para ulteriores investigaciones. Resulta importante advertir que el planteamiento conciliar del problema es bastante realista: se refiere no solamente a aquellos que realizan las grandes etapas del progreso humano, sino también a los que se dedican a los quehaceres más ordinarios, para procurarse el sustento propio y el de su familia, contribuyendo de esta forma a realizar el plan providencial de Dios.

El principio de solución lo encuentra el concilio sobre todo en los designios de Dios, en la consideración del plan providencial de Dios en la historia, en los designios y la voluntad divinos, es decir, concretamente, en la gloria de Dios, para la que ha sido creado en el mundo.


En torno al principio fundamental, se van cristalizando algunas normas más concretas, para resolver la antinomia del papel cristiano en el mundo. La primera norma es la de la autonomía legítima de las realidades terrenas. Toda realidad creada, incluso la natural y hasta la infrahumana, están dotadas de consistencia, verdad y bondad propias: según el concilio, todas las cosas que constituyen el orden temporal…., no son solamente medios para el fin último del hombre, sino que tienen, además, un valor propio puesto por Dios en ellas.


Sin embargo, esta norma necesita el complemento de una segunda. Existe un orden entre los bienes creados, y por consiguiente, en la actitud humana frente a los diversos valores. Semejante orden está determinado por el hecho de que la actividad humana, así como procede del hombre, así también se ordena al hombre. Puesto que el hombre es el centro y cima del universo, todos los bienes de la tierra deben ordenarse en función del hombre. Por tanto tenemos que tomar en cuenta que el hombre vale mas por lo que es y no por lo que tiene; por eso en la actividad humana hay que preferir el perfeccionamiento del hombre a la producción de valores infrahumanos, y en la perfección del hombre el mas importante el reino de Dios y la salvación escatológica del hombre ya en esta tierra en la justicia y en la santidad de los que están el la dignidad humana.

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