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CAPITULO VII

LA IMAGEN DE DIOS, SUJETO SOCIAL

El fenómeno de la socialización progresiva desde comienzos de este siglo, ha obligado a los teólogos a dirigir cada vez mas su atención a otro aspecto de la vida humana, ilustrado abundantemente en la revelación: la socializad del hombre.

Esta novedad metodológica se manifiesta de dos maneras. La primera es la de aquel procedimiento teológico que el concilio designo como atención a los signos de los tiempos: el teólogo procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios. La segunda manifestación se refiere al uso de las fuentes positivas: la sagrada Escritura y los Padres, hablan de las comunidades concretas y sobre sus relaciones con la existencia de determinadas personas.

La socialidad del hombre, entendida como exigencia de relaciones receptivas con los demás, se extiende por diversos planos. En primer lugar, le afecta ya a la misma vida material. Pero la socialidad receptiva afecta también a la vida espiritual.

Las asociaciones humanas difieren mucho entre si, tanto por su extensión (familia, tribu, estado, organizaciones internacionales), como por la intensidad de su unión: (se basan más bien en una comunión de intereses, de costumbres, de opiniones), mientras que en otras prevalece el aspecto de sociedad (se basan más bien en unos vínculos jurídicos de derechos y deberes).

La socialidad humana, tal como la hemos descrito, se manifiesta cada vez más en el mundo contemporáneo, especialmente por el progreso de la técnica y por la perfección progresiva de los medios de comunicación, hasta el punto de que se puede hablar con el concilio Vaticano II de una socialización progresiva de la vida humana.

Los Datos de la Revelación

La Escritura conoce varias comunidades y sociedades humanas. Aquí escogeremos tres muestras características: la familia, el pueblo y la Iglesia.

En el Génesis, el hombre aparece como necesitado de una ayuda semejante a si mismo. En Mateo, Jesús vuelve a esta presentación de la unión entre el hombre y la mujer, a los que Dios ha unido y el hombre no puede separar: por tanto, la comunidad matrimonial, exigida por la naturaleza, se manifiesta también como realizada por el creador. San Pablo explica la manera de realizarse esta perfección: en el matrimonio cristiano.

En la visión bíblica del hombre esta presente el pueblo, no solo como el ambiente dentro del cual se mueve el individuo, sino como verdadero protagonista del dialogo con Dios: el Señor establece su alianza con el pueblo, le promete fidelidad, exige su obediencia, lo guía y lo defiende.

El empleo de las categorías comunitarias en la Escritura corresponde a las diversas etapas del desarrollo cultural de Israel:


1. Mentalidad tipical tribal
2. En tiempo de los profetas (individualista)
3. Durante el destierro, la presión externa hace prevalecer de nuevo las categorías mentales del clan.

La estructura social en su secularizad tiene, por consiguiente, un valor teologal.

La muchedumbre unida recibe su estructura social por voluntad de Cristo, el cual construye su Iglesia: especialmente en las cartas pastorales aparece como esta comunidad posee una organización estable, incluso jurídica.

La Comunidad en la Perspectiva Antropológica

Dios crea no solamente a los individuos, sino también a la comunidad humana, en cuanto inserta en la naturaleza de las personas exigencias y tendencias transpersonales y coopera en su desarrollo.

En el universo humano, una persona llega a la plenitud de su perfección en la medida en que se compromete por las demás, y la sociedad prospera en la medida en que cada uno de sus miembros va construyendo su propia existencia personal a través de su compromiso transpersonal.

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